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Muchos hijos, un mono y un castillo |
El caos del documental atípico 'Muchos hijos, un mono y un castillo', de Gustavo Salmerón, con la deliciosa, delirante superficialidad de su enorme protagonista. registrando y buceando en sus sueños inocentes que le dan título, aunque sin profundizar en la agobiante manía de guardarlo todo. Su director-hijo elije el lado más surrealista, ese surgido de la fusión de sus manías, ocurrencias y frases con natural fluidez. Especial y divertido documental.
La portentosa ambivalencia de 'Verano del 93', de Carla Simón, reflejando esa desesperada naturalidad, de apariencia sencilla, con la que a veces los niños tenemos que vivir lo que hay sin llegar a comprenderlo. Al menos, en mi infancia viví ese torbellino emocional sin nombre, sin referencias, flotando en el viento silencioso del misterio y traducido hacia fuera en una instintiva expresión resultante de la fusión involuntaria de tantos nudos e hilos en el
interior.
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Verano del 93 |
Lo perverso de 'El autor', de Manuel Martín Cuenca, porque su protagonista (premiado justamente Javier Gutiérrez) y esa mirada de pozo oscuro en ciertos momentos quiere ser autor sin serlo y por eso necesita demostrarlo desesperadamente, aunque sea pisoteando a todos los que puede utilizar para conseguirlo. Ignorando que un artista no elige serlo, no puede evitar crear. Sobre ello hablé en el blog de cine.
Y ahora mencionaré dos joyas del cine, a raíz del linchamiento a Woody Allen: '12 hombres sin piedad' de Sidney Lumet y 'La calumnia' de William Willer. Condenado rápidamente por muchos nombres del cine ante el recuerdo de la acusación gravísima, (ya investigada en su momento, años 90, y resuelta declarándolo inocente), y por eso mismo necesitando pruebas concluyentes que no existen. Todo empezó con la acusación de una niña, poco después de la separación de sus padres, cuya madre Mia Farrow demostró una rabia alargada por su amor propio herido al haber sido dejada por una chica joven. Esto, en sí, sugiere venganza, una posible utilización de los hijos, bastante extendida en los casos de divorcio. Un posible envenenamiento de su hija contra su padre que acabó en los tribunales, con una sentencia de inocencia de Allen. Ahora la niña, ya adulta, se ha limitado a repetir su acusación ante los medios de comunicación, cosa que también huele sospechosa, publicitarse y de paso subirse al carro del linchamiento inmediato contra cualquiera mínimamente sospechoso. Una actitud penosa, precisamente por la gravedad de las acusaciones, inadmisibles cuando son ciertas, horrorosas, una de las peores cosas que le pueden pasar a un niño. Precisamente por ello, no puede acusarse a nadie de algo así sin pruebas.
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Diane Keaton |
Además, están sus películas. El tema de la diferencia o armonía entre un autor y su obra tiene dos vertientes para mí. En los casos de ideologías indeseables pero obras memorables, sencillamente es mejor quedarse con la obra y no hacerse amigo del autor. En este caso es diferente. Porque lo más íntimo de un artista está en sus obras y nada hay en las películas de Allen que apunte a un tipo de persona abusadora. Yo diría que todo lo contrario. Por todo ello creo que se merece la duda antes de la condena. Menciono por eso la valentía de su ex pareja y amiga Diane Keaton apoyando a Woody: "Es mi amigo y creo en él".
He recordado 2 pelis memorables a raíz de esta situación. En una, 'La calumnia' de William Willer, insólita porque trataba el tema de la homosexualidad en tiempos en que era inadmisible (primeros 60). Con unas enormes interpretaciones de Shirley MacLaine y Audary Hepburn , a lo que se suma el inquietante tema de la crueldad que a veces tienen los niños, en este caso una niña mimada que no soporta ver contrariados sus deseos y miente y calumnia en una venganza automática, lo que pone un toque inquietante a la historia, además de revelar la toma de conciencia emotiva de una de sus protagonistas.
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La calumnia |
La otra es la estremecedora '12 hombres sin piedad' de Sidney Lumet, con un inolvidable Henry Fonda. Los jurados de un juicio contra un chaval acusado de matar a su padre están convencidos de su culpa, sin querer profundizar en las supuestas evidencias que parecen condenarlo, nada menos que a la pena de muerte. Pero a ellos les da igual, ni siquiera piensan en la posibilidad de estar equivocados. Tienen sus vidas ocupadas a las que están deseando retornar y, sobre todo, se sienten respaldados por su respectivas ideologías y prejuicios. Por eso se sorprenden de la actitud de uno de ellos reconociendo sus dudas y poniéndolas sobre la mesa para analizarlas lo más posible, dada la gravedad de la acusación y su consecuencia de una pena de muerte.
I
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12 hombres sin piedad |
Por favor, personas. Como decía la gran Simone de Beauvoir en 'El segundo sexo' (que debería leerse más) sobre la auténtica base del feminismo:"ante todo todos somos personas". No géneros en este caso, que sería otra etiqueta.