lunes, 26 de mayo de 2014

Documental Antonio Vega, meditación oriental, Irlanda


Por Tesa Vigal

Escribo en una terraza de Malasaña, bajo un sol dulce entre nubes cruzadas en un azul pálido. Vengo de votar aquí al lado, en el instituto Lope de Vega. No sé dónde quiero llegar, sólo ser, y mis sensaciones del documental sobre Antonio Vega revolotean sobre mí, con más insistencia al estar en el barrio de su bar preferido, el Penta. Se mezclan con las impresiones estimulantes de los dos últimos libros que he leído y el resultado es algo turbador.


El misterio se desenrosca en todos los caminos y no hay ninguno mejor que otro, tan sólo son caminos propios o ajenos.
Antes de salir de casa he acabado un libro de viajes de Javier Reverte, "Canta Irlanda". No me gusta ese género porque prefiero descubrir los sitios a mi aire, pero éste hablaba de mi querida Irlanda y al tropezarme con él en la biblioteca tuve curiosidad por su visión personal. Algo muy especial me pasa con la isla esmeralda, porque leyendo la parte sobre la salvaje costa oeste me emocioné de nuevo, igual que cuando el viento fuerte y limpio me daba allí en la cara y alborotaba mi pelo hasta el caos, hace dos veranos.

A Reverte también le fascina el constante olor a mar y a hierba y el amor de los irlandeses por la poesía y escritores en general, por la música y el baile. No comparto su admiración por el 'Ulises' de Joyce, sino por su libro de relatos "Dublineses", llevado al cine de manera impresionante por John Huston en su última película "Los muertos" (foto abajo).


En sus páginas he descubierto un montón de información sobre la historia tremenda y trágica de Irlanda, entre hambrunas, pobreza y masacres inglesas. Así que no me extrañó la divertida anécdota que cuenta sobre el pub de un pueblecito de la costa oeste, creo que del condado de Sligo tan querido por el poeta Yeats. Se corrió la voz de que había un español en el pub, Reverte, y todos empezaron a brindar por Felipe II y su armada invencible. Me quedo con su héroe pacifista O'Connell, a quien admiraba Gandhi. Tras una de las rebeliones irlandesas sangrientas, en las que siempre perdían, dijo: "No hay ningún cambio político del tipo que sea que merezca que se vierta una gota de sangre humana".

Así que me han dado ganas de volver pronto por allí, a escuchar la música espontánea, sin escenario alguno, que surge en sus bares. Y volver a respirar el poso de leyendas en el aire y las huellas en sus bosques de duendes y hadas, tan queridos por el poeta Yeats y por mí.
Músicos pub en la costa oeste, en Sligo
 


Lo creativo surge del inconsciente (lo laborioso y la técnica se añaden después a su servicio) y resulta curioso que esa dimensión, fuente vital, sea la misma a la que parece apuntar la meditación oriental. Hace un par de semanas leí un pequeño librito, físicamente la mitad de centímetros de un libro normal, sobre el tema. De Pablo D'Ors "Biografía del silencio".
Me encantó la actitud que rezuman sus páginas de alegría, aventura, libertad. Su referencia a la costumbre de llenar el tiempo (recordé esa expresión tan deprimente de 'matar el tiempo') en lugar de vivirlo. 
Meditar no es reflexionar, sino lo opuesto, dejar que los pensamientos surjan (es inevitable) sin pararnos en ellos, enfocando al silencio, observando sin juzgar. Con el asombro y la entrega de un niño.


Algunas frases que subrayé sobre su experiencia personal con la meditación oriental y sus efectos:
"El dedo que señala termina por darse la vuelta y apuntarnos".
"Para escribir, como para vivir o para amar, no hay que apretar, sino soltar".
"Todo sin excepción puede ser una aventura".
Con la meditación se aprende a "estar en el lugar que se está, pero plenamente. Para explorarlo. Para ver lo que da de sí".
"Tanto el arte como la meditación nacen siempre de la entrega; nunca del esfuerzo. Y lo mismo sucede con el amor".
"Ponerse en disposición para que algo pueda hacerse por mediación tuya, pero no hacerlo directamente, forzando su arranque, desarrollo o culminación".
"La situación -sea cual sea- no es el problema, sino que el problema es mi idea sobre la misma".
"Mirar algo no lo cambia, pero nos cambia a nosotros".
"Meditar ayuda a no tomarse a sí mismo tan en serio".
"El camino es la meta".
"En el budismo zen el mejor modo para ayudar a los demás es siendo uno mismo". 
También recuerdo la forma de nombrar a la meditación de David Lynch, el director de cine, que da título a su libro: "Atrapa el pez dorado". Lo leí hace meses y no me extrañó que una persona tan buscadora y poética como él llevara treinta años practicando la meditación, sumergiéndose en el bosque del centro del ser humano, de donde surge la libertad, por debajo de nuestros personajes, neuras y máscaras. 


En busca del pez dorado. De ahí la curiosa impresión que me produjo ayer el documental sobre Antonio Vega. La parte de su vida que estuvo inmersa en una adicción es opuesta a la libertad y sin embargo las sensaciones de su actitud vital, su música y sus letras parecían provenir de una motivación parecida. Mejor dicho apuntaban a lo mismo desde diferentes caminos. Lo absurdo de juzgar a alguien (sin antes haber caminado varios días dentro de sus mocasines, como dirían los indios sioux). El misterio palpitando en cada manera de vivir, incluso en las auto destructivas como puede ser la adicción de Antonio Vega que seguramente le llevó a su muerte, hace ahora cuatro o cinco años. La fuente de la poesía y la música. La belleza insondable de las estrellas, de las galaxias que tanto le fascinaban desde pequeño. La fragilidad que le hacía fuerte. La entrega a un camino. Su fascinación por los gatos. La ternura de sus gestos. Las escenas que aparecen de la peli de culto "Arrebato" (hablé de ella en http://www.peliculasecreta.blogspot.com)

El dato que cuenta su madre, que nunca apreció su música, sobre su costumbre de trepar por las puertas de pequeño. La sensación que daban sus familiares y colegas músicos de no acabar de entender a Antonio, sintiéndose conmovidos por él. El plano del alcalde inolvidable Tierno Galván diciendo eso de: "y vosotros rockeros colocaros y al loro". Las palabras de Antonio diciéndole a alguien que nuestra misión, la de todos, es la de ser vectores de la vida.


Se me ocurrió que con una adicción quizá se busca también atrapar al pez dorado. Lo conmovedor, lo triste es que se busca aferrando algo desesperadamente. Y aferrarse es forzar la vida en una única dirección. Haciendo imposible vivir el aquí y ahora de la meditación oriental, con el que me siento de acuerdo. Lo contrario de la libertad. Pero, una vez más, ¿quién soy yo para juzgar? ¿no hacemos todos lo que podemos? 

Me quedo con la música tan especial de Antonio Vega y con sus versos. Por ejemplo: "Bienvenido a la oscuridad donde la luz no deja de brillar" (de su canción 'Vapor') y de la misma: "eres una llave". O este otro: "cierto como imaginar". Me quedé inmersa a la salida por una tristeza ambivalente. Conmovida por nuestra fragilidad, por nuestra torpeza para usar nuestras alas, o por ignorar que las tenemos.

A la salida del cine me tomé una cervecita en la terraza de la librería 8 y medio, con los recuerdos mezclados de lo que he contado aquí. Dejando que ocuparan su lugar y volcándome en el aquí y ahora.

Que acabe David Lynch con unas frases del final de su libro: "... se dice que cuando caminas hacia la luz, a cada paso que das, las cosas brillan más... Y creo que estimular la unidad en el mundo traerá la paz a esta tierra. Así que: paz para todos". 








jueves, 17 de abril de 2014

Por libre: 'Gran hotel Budapest' de Wes Anderson y canción especial de Loquillo


Por Tesa Vigal

Libre pensadores, marcianos, independientes, selenitas, frikis, inclasificables, inadaptados... A los que no acaban de encajar en ninguna parte se les suele lanzar más etiquetas que al resto, precisamente porque pone de los nervios su ausencia de redil, o de cajita. 

En esta entrada sólo voy a hablar de dos de ellos (afortunadamente hay muchos, un beso para todos), aunque mi corazón está con cualquiera que goce y sufra de esa incómoda situación, en la que suelen llover rechazos varios por todas partes.

Uno es el director de cine Wes Anderson porque hace poco he visto una de sus originales películas: "Gran hotel Budapest". Un tipo especial desde el principio, porque estudiar filosofía en la universidad de Texas ya es más que curioso.


Su peli carece de género, tiene cosas de varios y acaba saltándose todos porque lo importante es jugar y explorar. Si entre medias uno acaba provocando es sin querer, porque lo creativo carece de intención si es auténtico, si está vivo. Me viene una frase de Almodóvar que se me quedó en la memoria porque me encanta: "todo auténtico provocador lo es involuntariamente". De eso se trata, de tener tu propio estilo sin buscarlo, aunque por desgracia eso signifique que a veces no encuentres ropa a tu gusto porque la moda no coincide con el tuyo. 

'Gran hotel Budapest' tiene todo el encanto contradictorio, honesto e imaginativo de un juego infantil. La base de lo creativo. En un país incierto y borroso que no tiene por qué ser Hungría, había un gran hotel en la década de los años treinta del siglo pasado dirigido por un tipo excéntrico, ambiguo, bisexual, cariñoso, perfeccionista y algo chiflado; seguramente su gerente. Disfruta con su trabajo hasta ese punto, alcanzado por pocos, en que la vida íntima y el ocio, su placer y sus sueños coinciden con él. Además, como él mismo reconoce, se acuesta con todas sus amigas, entre las que se encuentra una anciana octogenaria que aparece asesinada. Entran en escena los buitres de sus familiares, desaparecidos hasta entonces, olisqueando millones. Aparece un malo (Willem Dafoe) con anillos de calaveras en todos sus dedos y gestos de opereta cuando mata a alguien, o se abre la cazadora para echar un traguito a su petaca. Persecuciones de cine cómico mudo. Repeticiones. Frailes espías en lo alto de una montaña imponente. Nieve esperpéntica. Cárceles en las que puedes encontrarte a un preso calvo y tatuado (Harvey Keatel) con gran talento artístico en sus bocetos de dibujos para la fuga. Un botones adolescente de un indefinido país oriental, que ha recalado como fugitivo y emigrante en el hotel y bajo la protección del estrambótico gerente (Ralph Fiennes). Invasión nazi en trenes de Tintín. Diálogos con un toque de Alicia en el país de las maravillas. 

Todo ello con imágenes que forman parte del contenido. Porque el contenido se desborda también en el estilo, sin poder evitarlo, rezumando exceso, pasión, humor, absurdo, fantasía. Y el corazón de la historia del lado de los inocentes, los perseguidos, los que aman. 


El efecto resultante es un placer que no se sabe de dónde sale, exactamente, ni a qué es debido. A algo raro seguro. Por supuesto 'raro' en el sentido positivo de la palabra. Aquí la reivindico. También recomiendo su anterior peli: 'Moonrise kingdom', (dcha. foto de los chavalines enamorados bailoteando) sobre un chico y una chica de doce años que se escapan juntos del campamento de los boys scouts y sus peripecias y las de la gente que les busca. También nadando alegremente en el ánimo inclasificable típico de sus pelis (por lo que parece, sólo he visto estas dos).
Y como las cosas no suelen venir solas, escucho de pronto en la radio una canción de Loquillo que no conocía: 'memoria de jóvenes airados'. Aquí la incluyo. Su letra me ha llegado al alma porque he pasado un mes digno de 'cumbres borrascosas' (no por el amor, por desgracia, sino por lo atormentado). Algunos de sus versos me emocionaron al rozar mi vieja herida, esa que en malos momentos quiere llamarse destino aunque yo se lo impido como puedo. 





Con esos versos acabo: "nosotros, que no tenemos dónde/... /que amamos como soñamos y soñamos siempre armados". Es lo que tienen las heridas de largo recorrido aunque se lleven bien, por ejemplo, no encajar en ninguna parte, que te defiendes incluso en sueños y lo peor, es el "como".            

sábado, 15 de marzo de 2014

Compartiendo vientos con 'Cumbres borrascosas' de Emily Bronte, 'Her' de Spike Jonze, el inmenso Philip Seymour Hoffman y Russian Red


Tesa Vigal

Compartiendo lo que me ha gustado desde la última entrada; sin más. 
Ese es el motivo de este blog, aunque esta vez no encuentro hilos conductores entre los títulos de las pelis, el libro y un disco recién descubierto: el último de Russian Red llamado 'agent Cooper' por el protagonista de la fascinante serie 'Twin Peaks' de David Lynch. Aparte de su voz tan personal, es el tipo de música atmosférica que de pronto hace volar, o al menos me cambió de sitio ligeramente, con ese efecto pequeño y lento pero seguro, sin que te des cuenta hasta hasta pasado un ratito. 


Estoy releyendo un libro que descubrí y me dejó temblando en la adolescencia: 'Cumbres borrascosas' de Emily Brontë. Alguien, a quien aún no conozco, ha convocado un club de lectura en torno a este libro inclasificable, para finales de este mes. Iré porque su lectura me está volviendo a impactar. El motivo es que te topas con el viento salvaje del romanticismo. Es decir lo que nada tiene que ver con lo sentimental, sino con lo profundo, lo excesivo, lo apasionado, lo arrebatado. No sólo en la historia atormentada que cuenta, sino por las personas que recorren sus páginas sin aliento, sin poder evitar vivir hasta el final su destino, cuando el destino lo es a causa de la libertad de ser uno mismo. A veces eso lleva a la guerra interior, a las contradicciones, o a ser mirado mal por ese tipo de personas que rápidamente encuentra motivos para señalar con el dedo y rechazar cualquier atisbo de individualidad.


Se han hecho muchas versiones en el cine de este libro, una de ellas no quiero ni verla porque me domina un prejuicio contra su protagonista. Reconozco que no soporto al actor Lawrence Olivier, por mucha fama que tuviera en el cine clásico. Sé que hay otras, pero la única que he visto me gustó muchísimo. Creo que es la última adaptación, del año 2011 o por ahí. Se titula 'wuthering heights' y en ella el chico gitano y la chavalita inglesa, tan salvaje como él, caminan y recorren los campos agrestes recorridos por el viento, el viento incesante sobre sus caras, su espalda, golpeando su pelo. Caen sobre el barro, se miran desde sus pozos, se rechazan y se aman, al margen de las granjas oscuras donde viven y se conocen siendo unos niños y desde entonces están unidos a pesar de separarse, de seguir distintos caminos, acercándose o alejándose, pero su conexión está más allá de su voluntad, de sus circunstancias. Más bien apunta a esos escaso encuentros que huelen a misterio y apestan a significado, para bien o para mal. Almas. 


Quizás el miedo y la fragilidad del protagonista de 'Her', la película de Spike Jonze, es lo que le lleva a huir del alma de las cosas. Eso da mucho miedo y es preferible sustituir la vida por la pantalla virtual de un sistema operativo, cuya voz femenina (la voz grave y sensual de Scarlett Johansson, los que la vean doblada no la oirán y supongo que se quedarán algo perplejos ante la voz bobalicona que la sustituye, pero ya puestos eso incluso va dentro de lo que cuenta la peli) se convierte en su nuevo amor ideal. Se enamora de ella, de un sistema operativo. La humanidad, entrañable y patética, la pone Joaquin Phoenix tan actorazo como siempre. El tema de usar la tecnología como algo sustitutorio de la vida, es muy actual y bastante extendido. Sin más comentarios. 


Y hablando de actores memorables, el enorme Philip Seymour Hoffman. Le he visto en películas impresionantes, por ejemplo 'the master', o en 'la duda', pero me quedo con 'antes de que el diablo sepa que has muerto' , del gran director Sidney Lumet y junto a mi querido Ethan Hawke. Su gran humanidad desbordaba y empapaba cualquier papel, incluso el que encarna en esta película, de hermano mayor cabrón y vulnerable precisamente por eso. Todos los papeles llenos de matices, claroscuros y laberintos le echarán de menos. Creo que ha dejado dos pelis, aún sin estrenar. 

   
     



jueves, 20 de febrero de 2014

Fitzgerald, la melancolía de los sueños extremos


Por Tesa Vigal

Es lo que se me ocurre siempre que releo a Fitzgerald. Suena contradictorio, pero ese es precisamente el punto especial que rezuma 'El gran Gatsby' y la propia vida de este escritor, un soñador irreductible, siempre nadando en el choque entre un anhelo involuntario, la entrega desaforada al final de las canciones, lo doloroso de la lucidez, la belleza escondida que vuela y se estrella, la búsqueda instintiva de aquello que se esconde en la juventud, las alas de una imagen, de una tristeza sin puertas, de los deseos sin fondo, de lo delicado irreductible y la fragilidad de lo fuerte, la grandeza de lo pequeño, el dolor de lo grande.


Su vida parece una de las historias de sus relatos. Famoso a los 20 años con su primer libro, 'A este lado del paraíso'. Poco a poco olvidado. Amor con Zelda, su mujer, tocado por lo ilusorio y lo maldito, vivido a lo largo del jazz de la época, ciudades como París, vagabundeo de fiesta en fiesta, de alcohol en alcohol, de fracaso en fracaso. Su "carrera" fue cuesta abajo desde el principio y murió como escritor olvidado hasta que alguien le recuperó en los años 60, colocándole entre los grandes de la generación perdida. Nació con el siglo XX y murió en 1940 con el alcohol como problemático compañero de viaje y su mujer Zelda internada en una clínica psiquiátrica, en la que moriría ocho años después, en un incendio. Pasando por Hollywood como guionista (igual que otros maravillosos escritores de la época, como Chandler, Faulkner...), como un guiño irónico a sus  pesadillas, trabajando para ese nido de sueños de apariencias sugestivas y alas rotas, sistemáticamente. En otra de sus novelas: 'hermosos y malditos' refleja más directamente su nómada vida de altibajos con Zelda. El vuelo y el agujero y, sin embargo, sin renunciar nunca a esa promesa inalcanzable que sentía latir en la vida.

Hoy le he releído y encontré un cierto parecido con la rara melancolía de una pintura del arte actual chino, que vi en enero, en el cuartel del Conde Duque. Quise volver a verla, pero la exposición ya se ha acabado. Es una escena callejera de jóvenes que me transmitió una enigmática delicadeza. Se titula 'bloom of youth' y su autor es Wang Guanjun (abajo dcha.).

Sólo existe el presente y cada instante se convierte en pasado. Movimiento y libertad, la materia de los sueños. Los sueños, la respiración de la vida. Este es el final de 'El gran Gatsby':

"... pensé en el asombro de Gatsby al advertir, por vez primera, la luz verde al final del malecón de Daisy. Había recorrido un largo camino para llegar a este verde césped, y su sueño debió parecerle tan próximo que no le sería imposible lograrlo... No sabía ya que estaba detrás de él... en alguna parte de aquella vasta oscuridad, más allá de de la ciudad, donde los oscuros campos se desplegaban bajo las sombras de la noche.
Gatsby creía en la luz verde, el orgiástico futuro que, año tras año, aparece ante nosotros... Nos esquiva, pero no importa; mañana correremos, más de prisa, abriremos los brazos, y... un buen día...
Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado".   

Abajo escena de la última versión llevada al cine. Magnífica interpretación de Leo di Caprio, pero la peli no me gustó más que a ratos. Como la versión anterior de Robert Redfor (y sin embargo siento maravillosas algunas películas y penosas sus anteriores novelas. Tengo varios ejemplos).
Aquí y ahora.  

sábado, 18 de enero de 2014

Gato fantasma


Por Tesa Vigal

Así llaman al leopardo de ciertas zonas del Himalaya, porque se deja ver difícilmente. Eso cuenta el fotógrafo Sean Penn en la película 'La vida secreta de Walter Mitty', de Ben Stiller. Explica al protagonista que los seres bellos no van mostrándose (igual que los auténticos provocadores lo son involuntariamente, que diría Almodóvar). Quizás haya que descubrirlos tras un largo viaje y, aún así, hay que esperar a que ellos se dejen ver.



Pensé en animales, en las hadas y duendes, en la gente sencilla que es todo menos simple, en un recodo de un río, en un día inesperado al cambiar un minuto, en lo que se agita en el silencio mantenido, en el sueño que nos persigue. En la libertad que se respira al no hacer una foto, para que la cámara no estorbe el sentir un lugar y un momento. 

Esa forma de sentir de los antiguos indios, que viene a rescatarme en etapas oscuras.
Sin embargo, esta película no es un gato fantasma (las que citaré más abajo sí). Es de vuelo corto, superficial pero sentida, apostando por la actitud de dejarse empapar por lugares, situaciones y personas. Acercarse y sentir y dejarse llevar por lo que surja. Ahí espera la emoción y su significado. Cara a cara con lo que la vida te ha puesto delante, se ha cruzado en tu camino, o te mira en el espejo. 

Ese espíritu infantil está presente en esta historia, con su torpeza y su idealismo, así que al final no importa su ingenuidad porque acaba convirtiéndose en materia de sueños, como diría el detective Marlowe-Bogart al final de -esa sí- inolvidable película de John Huston, 'el halcón maltés'.
Me encanta haber pasado de prejuicios y haber ido a ver esta peli, dirigida e interpretada por Ben Stiller (le tenía por actor de comedietas sin pena ni gloria), pero me llamó la atención la pasión que transmitían sus palabras hablando sobre ella en una entrevista.



Ignoro si en su gestación pasó, valientemente, de la posible calificación de ingenuidad o nadería. Si es así maravilloso. O si surgió de manera inconsciente. En cualquier caso, en la historia se reivindica la pureza infantil en la actitud entregada de un niño a su juego: y ahora me dicen que lo que busco está en Groenlandia y voy. Esa bendita actitud tan poderosa, como olvidada demasiado pronto. Es un error. Una trampa. No se crece renunciando a ella, sino volviéndola posible. 

Además se oye una maravillosa canción de Bowie, que aparece también en otra película, independiente, auténtica, original, emocionante: 'Crazy'.

Pensándolo bien, ambas pelis tienen en común la búsqueda de la integridad. 

Igual que estas otras películas, (que recomiendo de corazón)  y que son 'gatos fantasmas': la última de los Cohen 'a propósito de Llewyn Davis' (arriba foto). Con la poética triste de aquellos que sólo saben hacer bien, y con el alma, algo en lo que fracasan. El misterio de la condición, el destino y la conexión.

'Le week end': el ludismo implica entendimiento pero no comunicación. Hermosa y melancólica historia (foto abajo dcha.).

Y la insólita 'gente en sitios', de Juan Cavestany, a modo de historias mínimas, sin conexión aparente y que se pregunta la cuestión básica: "¿qué pinto yo aquí?". Inolvidables los ladrones, de una de sus historietas, que entran en una casa especialmente sucia y acaban limpiándola hasta dejarla como los chorros del oro, porque no hay manera de trabajar en un sitio así... Turbadora película, cuando la exploración es vida.



Texto dedicado a las pelis o los libros que no son redondos, ni impresionantes, pero pueden cambiar tu ánimo, hacerte soñar, o descubrir un dato vital.       

martes, 17 de diciembre de 2013

Amores no correspondidos: "Sputnik, mi amor" de Murakami


Por Tesa Vigal

Se puede llegar al otro lado de las cosas viviendo profundamente cualquier situación. Cuando se trata de materia especialmente sensible y laberíntica, el amor, donde surge más y mejor lo misterioso de la vida, ese viaje puede incluir encontrarnos cara a cara con nosotros mismos, con nuestra sombra, con nuestro doble, con la comunicación y la incomunicación extremas.



Murakami me fascinó, desde el primer momento en que lo leí, porque eso es lo que explora en todos sus libros. En unos haciendo más hincapié en la identidad, en otros en el destino, o la muerte. O en la realidad inevitable de los sueños, como el viaje común a todos los seres humanos que nos visita cada noche, poniéndonos en contacto con una dimensión paralela que nos habla de nuestro cuaderno de bitácora más íntimo y hondo.

En "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo" se cuenta el recorrido, largo, sinuoso, de alguien con el corazón enterrado para recuperar su capacidad para amar, en lugar de seguir conformándose con una pareja haciéndose compañía. Bajará hasta el fondo de un pozo seco, en el jardín de una casa abandonada, atravesará sus paredes hasta llegar a la dimensión más íntima (donde se desarrollan los sueños entre otras cosas), cocinará espaguetis, recibirá llamadas de teléfono de una desconocida, su mujer desaparecerá, su gato también, conocerá a dos hermanas con nombres de islas mediterráneas: Malta y Creta, vivirá en carne propia el poder materializador en lo cotidiano de aquello que sucede en un sueño... 
El viaje de 'Sputnik, mi amor' es provocado por la irrupción, en dos de sus personajes, de ese amor que todo lo barre o lo inunda, sin poder hacer nada para evitarlo. 

El narrador ama a su amiga, aunque su amiga ama a otra mujer. Alguien que tampoco puede corresponderla porque no sabe amar. Su lado amante se quedó en una casa y un momento de su vida, desgajándose de ella cuando está subida a una noria y allí se encuentra con su doble, amando. Ese encuentro con su sombra y el miedo ante esa visión de sí misma hará que su pelo se vuelva blanco en unas horas, aunque sólo es una veinteañera.



La chica que la ama sin esperanza acabará desapareciendo en el 'otro lado', durante un viaje a Grecia, en una pequeña isla donde no hay cuevas, ni grietas en el suelo y todo el mundo ve a todo el mundo. Pero ella desaparece, esfumada de este lado. Su amigo parte en su busca y al regresar a Japón, al cabo de unos meses, recibe una llamada de madrugada desde una cabina. La hora elegida y preferida por su amiga desaparecida. Llega a hablar con ella, no sabe dónde está, va a averiguarlo y promete volver a llamar para decírselo. 

Es tanta la fusión de dimensiones paralelas, tanta la realidad de nuestro inconsciente (con cualquier otro nombre que se le pueda dar), tan imperiosa la búsqueda de todo lo que perdemos o rechazamos por el camino, que no importa tanto si esa llamada se produce desde lo cotidiano, o desde otro lado. Lo importante es que se produce. 

Una frase de 'Crónica del pájaro que da cuerda al mundo' habla sobre ello: "La realidad puede no ser verdad y la verdad puede no ser real".
La claridad en su manera de narrar va unida a una poesía, unas atmósferas potentes y una profundidad de sensaciones y sentimientos que marcan, para mí, la manera de Murakami de atraparte en sus historias sin poder evitarlo. Igual que les sucede a sus personajes. 



Que algunos le critiquen por no ser "muy japonés", me resulta incomprensible. Es como si a un músico español le criticaran por no hacer flamenco. Lo malo es que también se aplica a veces para meter en cajitas, más o menos disfrazadas, a todo el mundo. Hay que ser tal y tal por narices.

En cuanto a lo cultural me llama la atención porque el mestizaje es incesante, ancestral, enriquecedor y persistente en todas partes del planeta. Hacemos nuestro lo que sentimos nuestro y lo 'nuestro' puede que, en su origen, pertenezca a Tombuctú, por ejemplo, aunque nosotros hayamos nacido en Tokio o en Madrid.

Volviendo a este maravilloso libro, añado algo que se me ocurrió al leerlo: si abres una puerta en un sueño, para bien o para mal se abrirá en lo cotidiano.

Y prefiero recuperar mis lados perdidos a través de cualquier cosa, menos un amor no correspondido. 
       

martes, 19 de noviembre de 2013

Conmovedora 'vivir es fácil con los ojos cerrados', impresionante 'La vida de Adele' y la insólita 'Stockholm'


Por Tesa Vigal

A nuestra bolita. Ya sabéis, el escarabajo pelotero empujando lentamente la bola que con tanto esfuerzo ha creado. Se me ha ocurrido que las cuatro películas siguientes tienen ese punto en común. Hablan de algo que nos pasa a todos los seres humanos. Construimos nuestro mundo, elegimos por motivos irracionales y tenemos que comernos los resultados. 

Sólo en una de ellas la construcción es positiva y sin dolor: "Vivir es fácil con los ojos cerrados", de David Trueba. Sin embargo es la menos intensa, con un curioso encanto que casi llega a lo delicioso. Pero se queda en aguas poco profundas, quizás porque a cambio permite soñar con su creativo tema original que, como suele suceder, proviene de la anécdota real de un profesor de inglés de provincias en la España franquista de 1966. A sus niños les enseñaba a través de las canciones de los Beatles y como en los discos no venían las letras, algunas palabras se le quedaban en blanco al no entenderlas cantadas. Al enterarse de que Lennon está en Almería rodando una peli de Richard Lester ('cómo gané la guerra') decide ir a verlo para preguntarle sobre las palabras que faltan y así rellenar los cuadernos de sus alumnos. 



No se plantea si lo logrará o no. Lo indudable, lo 'lógico' es ponerse en camino.

Es una persona conmovedoramente íntegra, abierta a la vida con una entrega inevitable que suele surgir en los que tienen que convivir con situaciones oscuras (maltrato a los alumnos en el colegio de la época donde da clases) y, en lugar de identificarse con esos valores negros, permanecen interiormente libres.

Película de carretera, por tanto, con una chica embarazada y un chaval de pelo largo, como los Beatles, escapados de sus respectivas casas, como compañeros de camino. El título de la película es uno de los versos de Lennon de la canción 'strawberry fields forever', campos de fresas para siempre, compuesta precisamente durante su estancia en Almería.

Ahora, desde primavera, puedo ir más veces al cine gracias al cupón de descuento de la cadena de los cines Renoir (para interesados con poco dinero que estén por Madrid) Al comprar una entrada normal viene un cuponcito que hay que leer y no tirar. En un margen de diez días puedes volver al cine cualquier día, a cualquier sesión, por 5,50 €.

Terminado el aviso para navegantes vuelvo a las otras pelis. De mayor calado, rezumando alma, intensos sentimientos para bien o para mal. En mayor o menor grado las tres impresionan.

"La vida de Adèle", de  Abdellatif Kechiche, es una de las películas en las que más apasionadamente se ha logrado transmitir el deseo (ahora mismo recuerdo pocas con igual intensidad, tal vez en la versión de 'El cartero siempre llama dos veces' de Jack Nickolson y Jessica Lange). Además se trata del deseo que acompaña un primer amor adolescente y encima mal visto por algunos compañeros de instituto por ser homosexual. Esto le da una doble peso a una situación, relación de pareja, que algunas personas sólo conocerán de manera tibia en su vida, independientemente del género de su pareja. 
  
Pues lo impresionante de esta historia de amor es cómo transmite el crecimiento imparable de las emociones, con cada gesto y latido. Hasta los platos de pasta que cocinan los padres de Adèle tienen una presencia apabullante. Yo diría que hasta los espaguetis respiran. 
Una de esas historias de amor que, por suerte y por desgracia, marcan para siempre porque la alegría y el dolor que producen han surgido de una conexión en el fondo del mar. Aunque, como en esta historia, sólo una de las personas de la pareja lo haya sentido así y la otra se haya limitado a planos más llevaderos. Pero esa es la grandeza y lo terrible de lo excesivo: se goza mucho más y se sufre mucho más. 

Premio de Cannes el 2012 y unas interpretaciones memorables para la historia del cine.
Las otras dos películas hablan de otras situaciones, destructivas sin paliativos, en las que la persona que las crea es consciente de su error y aún así persiste en su manera de actuar.

"Stockholm", de Rodrigo Sorogoyen, es una película original por su propia estructura en dos partes. En la primera se narra el encuentro de dos jóvenes una noche, aparentemente divertido y encantador (como el chico), paseando por Madrid conversando (recuerda en parte a la trilogía de 'antes del amanecer, atardecer, anochecer', de Linklater), mientras se conocen también en apariencia.
La segunda parte es el día siguiente, cuando los dos se descubren realmente y aparece el tema de la historia. 



Ella sabía desde el principio que no debía creerle pero decide hacerlo. También persiste en su decisión cuando ya todo se ha derrumbado y no en simples cenizas, sino en brutal rechazo. No puedo contar más por no fastidiar a la gente que aún no la ha visto. Es una de las películas en las que más claramente se cuenta una actitud autodestructiva. Seguir con lo que nos daña es más frecuente de lo deseable. Una actitud sostenida por la tentación del vértigo, o por escupir nuestro dolor inútilmente, o por preferir seguir enfangados y tener terror a la libertad. 

Tristeza seca, sobriedad estremecedora. Esa casa del chico tan blanca, tan limpia... Una pequeña película honesta bailando en el alambre.

Y la última de Woody Allen. "Blue Jasmine". Como dice su título es de las películas de Allen tristes, rotas. Aunque no me resultó impresionante, a pesar de la magnífica interpretación de Cate Blanchett. Quizás porque la historia está contada desde fuera y es ella la que pone el dolor de una vida arrasada. Parece que el propio Allen y el resto de personajes no acaban de sentir empatía por los detalles de la vida de esa mujer. Casada con un tiburón financiero y ladrón, que al ser descubierto y llevado a la cárcel se suicida y nadie lo siente. Ella le ha perdido antes como marido, harta de descubrir sus infidelidades sistemáticas, y también pierde su privilegiada situación económica, quedándose en la ruina, teniendo que recurrir a su hermana, su polo opuesto, para tener un techo donde vivir. 



Quizás porque ella se hizo la tonta ante los delitos de su marido, sin querer saber su trapicheos de altos vuelos. Porque es una esnob a quien le preocupan ante todo las apariencias, las marcas, la moda. Porque se avergonzaba de su hermana pobre, cutre, hortera. Por su manera despectiva, paternalista de tratarla en el pasado. No sólo en una visita que le hace a Nueva York, sino por haber dejado en manos del ladrón de su marido su poco dinero y arruinarla a ella y su marido.

Para mí es alguien antipático, insufrible, insensible, que querría tener lejos de mí. Pero su manera de persistir en mentiras que la hagan parecer glamurosa, cuando ya no tiene dónde caerse muerta y acaba de conocer a un hombre que parece quererla, me resulta patéticamente autodestructiva. La causa de su nueva desgracia reconocida por ella misma. En el coche, recién descubiertas sus mentiras, entre lágrimas de rabia: "es por mi culpa". Y sin embargo, seguirá con su dolorosa actitud altiva, ya sin orgullo que sostener. 

Lo importante aquí, más que en otras historias, es extrapolar, si no lo logramos gran parte de la vida se nos escapa sin comprender. Reconocer actitudes negativas más allá del decorado, de la época, del lugar, del estatus.
A no ser que nos quedemos tan sólo con la apariencia de la vida, como la protagonista de esta historia.