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miércoles, 16 de enero de 2019

Huellas contraculturales 1 (aquello que buscaba nuevas formas de vivir)

Por Tesa Vigal


En varias entradas sucesivas quiero dejarme llevar por sus impresiones y compartirlas, por si a alguien le sirve y, además, goza con ello. Como dijo John Lennon en el libro 'Lennon recuerda' (entrevistas de Jann Wenner para la revista Rolling Stone): "aquello fue una exploración de todas las posibilidades"

Este es uno de los puntos que distinguen a aquel movimiento. No iba contra algo y a favor de su opuesto, eso hubiera sido el típico enfrentamiento de las dos caras de la misma moneda. La contracultura quería buscar otras monedas, otros mundos. Lo desconocido por descubrir. Y aunque tenga más lecturas, aquí se me viene una frase de Joaquín Sabina: "Como fuera de casa, en ningún sitio".  

Todo auténtico cambio, y de largo alcance, viene desde dentro hacia fuera. Como dice la letra del 'revolution' de los Beatles "... antes tienes que cambiar tu mente". De esta canción hicieron dos versiones, la lenta aparece en su álbum blanco. La rápida, que incluyo aquí en una actuación en directo, está en su álbum 'Revolver'. 




Naturalmente tuvo su lado oscuro porque, como en todo tiempo y lugar, hubo en aquel movimiento gente dogmática, chiflados, encadenados a las drogas... Nada ni nadie es perfecto, es imposible que nos guste todo de alguien, o que estemos de acuerdo en bloque con una filosofía o una religión. Nada ni nadie es de una pieza. Somos fascinantes laberintos y por eso son absurdos y anti espirituales los dogmas. Por eso es peligroso deshumanizar y relacionarse con etiquetas en lugar de personas. "Todos somos personas", como dijo Simone de Beauvoir. Únicas, ni superiores ni inferiores. Frase de Henry Miller: "Si colocas a alguien por encima o por debajo de ti, te conviertes en una víctima"

De ahí la importancia de vivir nuestra vida, no cualquier otra impuesta por modas sociales o supuestos prácticos. Hace poco volví a ver la peli 'El graduado', con un inolvidable Dustin Hoffman y Anne Brancoft, y volvió a fascinarme su final tan contracultural (así que abstenerse los que no la hayan visto), esa expresión de los dos que va tomando conciencia, poco a poco, de que han hecho algo trascendental, enfrentarse a la familia y decirles adiós, y el autobús alejándose hacia no se sabe dónde. 

                                                                      
                                                                  


En otra entrada irá la letra de una de las canciones de esta peli de Mike Nichols, pero no la típica, de la señora Robinson, sino la de 'los sonidos del silencio' de letra más fascinante.









Ahora acabo con versos de Lou Reed, de su disco 'Magic and Loss': "Pasas por la arrogancia, pasas por el dolor / pasas por un pasado siempre presente / 
y es mejor no esperar que la suerte te salve / tienes que pasar por el fuego hasta la luz / ... tienes que ser muy fuerte/ porque empezarás desde cero/ una y otra vez/ y cuando se disipe el humo.../ justo en ese momento/ ese fuego maravilloso empieza otra vez"

viernes, 6 de octubre de 2017

15 minutos de ocurrencias sobre poetas y rock con sabor a insomnio y olor a café

Por Tesa Vigal


Rimbaud dibujado por Verlaine
Asocio poesía, maneras de vivir, rock, hippies, debe ser culpa de una noche de insomnio. En cualquier caso, espero que surjan muchos hippies en los lugares del planeta donde más se necesiten. Y con la taza de café a mi lado, me pongo a escribir con un lápiz en un cuaderno casi acabado. No deja de ser curioso, pero no sorprendente, que en estos momentos los recuerde.   

Cuando aún se bailaba en torno al fuego, los poetas eran sagrados por ser mensajeros de los dioses. Sus obras eran oráculos por surgir de la dimensión de los sueños, de la casa de los dioses donde, más allá de las apariencias, conviven el bien y el mal, la razón y la locura, el sol con la luna.

La exploración profunda de la esencia del mundo, en busca de respuestas, aunque se sepa que la respuesta es la propia búsqueda. El poeta, como el chamán (a menudo iban unidos) eran instrumentos del misterio, constructores de la escalera que comunica la tierra con el cielo. Eran, por ello, los humanos más útiles, respetados y temidos.


En cierto sentido, en el fondo de sus vasos comunicantes, la poesía empapaba el movimiento contracultural de los 60, al trascender las bases de la sociedad de los últimos siglos (dinero, poder, violencia, banderas, tecnología, apariencias), cuando se enterraban coches buscando valores más humanos, profundos, amorosos, chamánicos, libres, misteriosos. No deja de sorprenderme que los movimientos actuales jóvenes, al menos que yo sepa, piden reivindicaciones sociales, laborales, fundamentalmente, dinero, como si todo lo demás les pareciera bien. Sin embargo, en la contracultura lo que se exploraba, sin pedírselo a nadie sino viviéndolo, era otra forma de vivir.

Portada 'la cara oculta de la luna', junto a Lou Reed y
debajo Jim Morrison
Las citas siguientes las he añadido un día después, rastreando un viejo archivo.
De Barry Melton, músico poco conocido que estuvo en el festival de Woodstock: “Creo que esto es una revolución tribal, una revuelta juvenil contra los “media”, el gobierno y la máquina”.  

De Jimmy Hendrix: “Quiero hacer una música tan perfecta, que se filtre a través del cuerpo y sea capaz de curar cualquier enfermedad”.

De “Woodstock”, de Joni Mitchell: “Somos polvo de estrellas, / somos oro / y tenemos que lograr / regresar al jardín”

De ‘Magic and loss’ de Lou Reed: “tienes que atravesar el fuego hasta la luz / cuando pasas por el fuego agitas la mano derecha / hay cosas que tienes que tirar / ese terror caustico en tu cabeza / no te ayudará nunca a salir / tienes que ser muy fuerte / porque empezarás de cero / una y otra vez / y cuando se disipe el humo… / justo en ese momento / ese fuego maravillo empieza otra vez”.

De ‘La cara oculta de la luna’ de Pink Floid: “Y tú corres y corres para alcanzar el sol / pero él se está poniendo / Y girando velozmente para de nuevo / elevarse detrás de ti / …nunca pareces encontrar tiempo / … el tiempo se ha acabado / la canción se ha terminado / pensaba que diría algo más”.
Y montones de versos de Dylan, del que escribí una entrada sobre su turbadora experiencia:
La poesía (con la música siempre unida a ella) y la magia funden contrarios. Superan y trastocan las supuestas parejas de opuestos que forman la idea que tenemos de lo cotidiano. En la antigüedad este espíritu rompedor, trasgresor del mundo, tenía un nombre de dios: Dionisos. El dios salvaje que, a su vez, era una cara de la gran diosa lunar. El éxtasis dionisíaco, como en el sexo, una de sus contadas manifestaciones aún no olvidada, trasciende la dimensión humana asumiendo lo salvaje (en el sentido de pureza, no el uso actual de violencia), y de ahí llega la disolución de las fronteras entre animales-dioses-humanos, que se hacen un solo sentir. Y ese sentir es la característica esencial de cualquier edad de oro.

Dibujo Sioux
Pero esa visión del mundo, esa forma de sentirlo fue perdiéndose con el tiempo, según los humanos iban desequilibrándose, más y más escorados unilateralmente hacia lo racional, en un desarrollo distorsionante con vocación tirana, que convierte a los humanos en enanos emocionales con enorme “cabezón”.

La poesía corrió paralela a esa deformación, y hoy abundan los que la leen “entendiéndola o no”, relegándola a un plano exclusivo de ideas. Salvo contados poetas desperdigados a través del tiempo, se han olvidado de la fuente mágica. Así estaban las cosas, cuando ese vacío se llenó con el rock. No hay más que recordar la frase emblemática (que seguramente no dijo nadie en concreto) de “sexo, drogas y rock and roll”, para ver en ella un resumen esquemático y conmovedor de los primitivos elementos dionisíacos, aunque en la actualidad políticamente correcta también está muy mal vista.

El sexo es evidente. Las drogas, alteran la conciencia, rompen sus límites, el dominio de lo racional y en los ritos de cualquier región del planeta se han usado siempre para eso, no como un fin sino como un medio. Y en cuanto a la música, el rock encierra el rito colectivo, el ludismo, la pasión, el baile libre, el arrebato, el misterio que envuelve a todo ello.

Dylan
Hablo, claro, del corazón del rock, no de todos los músicos que dicen tocarlo, de la misma manera que no es un poeta todo aquel que escribe versos. Pienso ahora en algunos de los grandes, figuras irrepetibles por su enorme huella, incluso aunque estén medio olvidados… Algunos de ellos, incluso vivieron el lado chamánico de la poesía y así encaraban sus conciertos, aunque finalmente les desbordara su propia visión, quedando de ellos la tópica imagen periodística de alguien pasado, drogota, socialmente escandaloso.

Escribo y leo desde siempre, y a veces tengo la impresión de que lo más poético que me ha ocurrido nunca fue descubrir el rock, a los doce años, y descubrir el mar y al poeta Rimbaud. Harta de que se considere a la poesía una actividad “bonita” o reivindicativa socialmente (eso sería sólo una de sus facetas), y al rock una juerga intrascendente de gente ruidosa, necesité preparar recitales que hicieran justicia a ambas cosas.

Y aquí, al releer estas notas para incluir citas de músicos, busqué también a quien no puede faltar, Dylan. Estas frases pertenecen a su poema, o lo que sea, titulado “Mi vida en un momento robado”: “pero ¿y esas caras que no volvemos a encontrar? / y las curvas y las esquinas y los atajos / que se perdieron de vista y se quedaron atrás. / Y los discos que sólo oíste una vez, y el aullido del coyote y el ladrido del perro dogo, / y el maullido del gato y el mugido de la vaca, / y el lamento del pitido del tren? / Abre los ojos y los oídos y quedarás influido / y no hay nada que puedas hacer. / Hibbing es una buena ciudad. / Huí de ella a los 10, 12, 13, 15, 15 ½, 17 y 18 años, / fui cogido y devuelto allí todas las veces menos una.”  

Trabajé en ello en los 90, con músicos con los que tratamos de encontrar el reflejo musical de la esencia de un poema. Es decir, nada que ver con poner música a una letra, sino acompañar fragmentos de Rimbaud con percusión africana. Por ejemplo.
Ahora, vuelvo a trabajar fusionando música y poemas de poetas memorables, o fragmentos de narrativa, para subirlos a los blogs, o para emitirlos en un programa de radio, o para recitarlos en librerías, bares, o centros culturales. Se admiten colaboraciones, sugerencias y apoyos.

De Jim Morrison: “… Veo que tu pelo arde / una cobra a mi izquierda / un leopardo a mi derecha”.
De Rimbaud: “Comprendo y si no puedo expresarme con palabras paganas, prefiero enmudecer”.

En fin, como diría Lennon en el tema ‘Revolution’: “me hablas de revolución y yo te digo antes tienes que cambiar tu mente”.

Escrito sobrevolando muchos hilos que piden respuestas, contradicciones, comentarios, sugerencias. Desenrollando, buceando, tal vez soñando…

      

miércoles, 12 de agosto de 2015

'Más extraño que la ficción' de Marc Foster y 'Lennon recuerda' (dedicado a la revista 'Mandrágora y el Pirata')


Por Tesa Vigal

He seguido frecuentando el café Comercial, aunque al enterarme de que lo cerraban he recordado el tiempo más especial que viví en él. Además de los motivos de los que ya han hablado muchos (uno de los cafés más antiguos y preciosos de Madrid, lugar de tertulias y actos culturales varios, etc), a principios de los 80 recorrí todas sus mesas varios días a la semana, para vender la revista 'Mandrágora y el Pirata' que hacía con unos amigos.
Portada del nº 6 de Mandrágora y el Pirata
Por amor al arte, porque el dinero que sacábamos (turnándonos por zonas) era para pagar un plazo a la imprenta. Aquel proyecto fue una locura maravillosa, una época febril, en la que volqué en textos apasionados mi fascinación por el arte. El arte como explorador de la esencia de la vida, transformador de las personas casi siempre de forma sutil, aunque a veces puede ser un ramalazo, una revelación. Siempre me atrapó el misterio de lo creativo, de dónde surge y para qué. Seguramente para aprender a vivir, igual que el juego de los niños, por eso tiene una base lúdica. Invocando mundos, historias vivas con las que ver desde fuera la nuestra, evitar errores, o descubrir soluciones, tesoros, mapas, soñar, o nadar... 



Época inmersa en la apabullante sensación de sentidos, significados, hasta que acabé quemada por tener que ocuparme también de la parte práctica del asunto. Convencer a alguien de algo, vender mi trabajo, no es lo mío. Así que al cabo de dos años dejé la revista para no tener que seguir vendiéndola. En fin, una de mis limitaciones. Lo de Mandrágora venía por una rara novela de principios del siglo XX, llamada así (hablaré de ella en el blog de libros con aliento, en alguna entrada futura). Por eso fue una sorpresa descubrir que existía un bar llamado así (siempre me he quedado con las ganas de saber si ellos también habían puesto el nombre por la inquietante novela). El caso es que vendiéndola por los bares nos pasaron cosas curiosas, una de ellas le pasó a uno de los amigos del equipo de la revista. Esa noche él la vendía en el café Comercial, cuando el café fue atacado por unos ultras (en aquella época de la transición el café era para ellos un nido de progres). Rompieron los cristales y un gran pedazo afilado pasó volando junto a la cabeza de mi amigo. 

Café Comercial tras el cierre

Tras recordar todo esto, junto con algunos episodios íntimos, asocié también títulos de pelis, libros y música (por ejemplo 'Rock and roll suicide' de Bowie, o 'series of dream' de Dylan que son parte de la música de fondo de este texto). Entre otras cosas me quedo con dos curiosidades. Una es una peli del 2007, y la otra un librito editado en los 70.

La película 'Más extraño que la ficción' de Marc Foster tiene un especial encanto escurridizo, ambivalente, con una larga sugerencia que se despliega en preguntas, y preguntas dentro de cada pregunta. Y al ser una comedia todas se aceptan y acaban formando un juego de espejos que permite mirar y mirarte, sin asustarse. Al fin y al cabo, es un juego fantástico sin importancia. ¿O no? 

Un hombre atrapado de manera obsesiva en su vida cotidiana (Will Ferrell), empieza a oír, un día ante el espejo, una voz femenina que relata lo que está haciendo en ese momento. Lavándose los dientes contando las veces exactas que pasa el cepillo. Ni una más, ni una menos. A partir de entonces se ve desde fuera, (me recuerda al observador que contempla nuestros pensamientos en la meditación), asustado va al psiquiatra que le habla de una posible esquizofrenia, pero un día escucha esa misma voz en la tele. Es la voz de una escritora (Emma Thompson) y esa escritora está escribiendo la historia de ese hombre obsesivo y atrapado: él, quien la ve en la pantalla asombrado, perplejo, turbado. Tanto que acude a un profesor universitario de literatura (Dustin Hoffman), que resulta ser un admirador de la escritora. Escucha con naturalidad muy creativa la historia que le cuenta aquel hombre y le advierte que en todas las obras de esa escritora el protagonista acaba de mala manera, muriendo más pronto que tarde. 


El hombre, trastornado por todo lo que sucede y no entenderlo, empieza a cambiar de vida porque, al fin y al cabo, ya no puede tomarse en serio sus manías ni sus rutinas. Acaba enamorándose de una chica rebelde (Maggie Gyllenhaall) y conociendo a "su autora", que se asusta tanto como él de que su personaje exista realmente. Así que ¿la ficción se puede materializar? ¿cuándo y por qué? ¿somos el personaje que vivimos? ¿quién lo escribe y para qué? ¿son igual de reales el mundo cotidiano y el mundo de ficción? ¿el sueño y la vigilia? ¿nos acabamos encontrando con personas que reflejan algo pendiente de nosotros mismos y que rechazamos? ¿el destino existe y es lo que somos? ¿o al revés? y todo a partir de una peli divertida, pequeña en apariencia y muy original.

El librito, titulado 'Lennon recuerda' es una entrevista para la revista Rolling Stone, en los 70, por su fundador Jann Wenner. A uno de los amigos del equipo de la revista 'Mandrágora y el Pirata' le gustaría. A Yuri Silver (su seudónimo, todos usábamos uno como una prolongación lúdica. Yo me puse Duncan por la bailarina Isadora y el amigo del cristal era Francis Drake). El librito es también original, a ratos muy interesante, por momentos divertido, o directamente desconcierta, o alucina. Aunque reconozco que la mayor parte está indicada para músicos por la concrección técnica en que a veces habla del tema, o para interesados especialmente en los Beatles o John Lennon. Aún así tiene joyas sugerentes, como el párrafo delirante en el que cuenta la primera vez que se tomó un ácido, por cortesía de un dentista a los miembros de los Beatles. Salieron a la calle y no sabían lo que pasaba: Era horripilante pero fantástico. Hice algunos dibujos (...) y luego la casa de George parecía un submarino. Lo conducía yo. Todos se fueron a la cama. Yo seguí, parecía flotar por encima de las paredes, que eran diez pies de altas".


Sobre si le gustaría volver atrás, a la época de los Beatles: "Me gustaría ser pescador. Ya sé que suena tonto y que preferiría ser rico a ser pobre y todas esas mierdas, pero el dolor (...) los tontos son los que mejor se lo pasan, o algo así. Si no lo ves, no te duele".

Sobre lo que le gusta: "A mí, tío, lo que me gusta es el rock and roll".

Sobre su repercusión: "Hay un señor en Inglaterra que se llama William Mann (...) hablaba de cadencias eólicas y otros términos musicales por el estilo y, a pesar de que no eran más que estupideces, nos introdujo a los intelectuales" (...) Intelectualismo y lo de la habilidad musical, eso es la mierda de los conservatorios, no son capaces de hacer música sin tener delante una partitura, no tiene nada que ver con la música (...) al rock le pasa como al jazz, me parece, los incompetentes van hacia el perfeccionismo y los otros en otra dirección".

Sobre un libro sobre los Beatles de Hunter Davies: "Era mierda pura (...) las giras de los Beatles eran como 'el Satiricón' de Fellini (...) estas cosas y los hijos de puta que éramos se omiten".

"Escribo canciones porque es el trabajo que he elegido y además, porque no puedo evitar escribirlas (...) sí, crear es un resultado del dolor".
Dibujos Lennon

Frase curiosa vista en retrospectiva, casi parece profética de su asesinato: "Estoy harto de todos esos hippies agresivos, o lo que sean (...) Muy quedados conmigo (...) como si les debiera algo (...) me dan miedo". 

Sobre las leyendas urbanas de mensajes escondidos: "Sí, me hacía gracia que se hubiera armado tanto jaleo (...) todo eso de tócalo hacia tras mientras haces el pino, etc". 

Para acabar una frase sobre el movimiento contracultural: "Fue una simple ojeada a todas las posibilidades".







   

martes, 19 de noviembre de 2013

Conmovedora 'vivir es fácil con los ojos cerrados', impresionante 'La vida de Adele' y la insólita 'Stockholm'


Por Tesa Vigal

A nuestra bolita. Ya sabéis, el escarabajo pelotero empujando lentamente la bola que con tanto esfuerzo ha creado. Se me ha ocurrido que las cuatro películas siguientes tienen ese punto en común. Hablan de algo que nos pasa a todos los seres humanos. Construimos nuestro mundo, elegimos por motivos irracionales y tenemos que comernos los resultados. 

Sólo en una de ellas la construcción es positiva y sin dolor: "Vivir es fácil con los ojos cerrados", de David Trueba. Sin embargo es la menos intensa, con un curioso encanto que casi llega a lo delicioso. Pero se queda en aguas poco profundas, quizás porque a cambio permite soñar con su creativo tema original que, como suele suceder, proviene de la anécdota real de un profesor de inglés de provincias en la España franquista de 1966. A sus niños les enseñaba a través de las canciones de los Beatles y como en los discos no venían las letras, algunas palabras se le quedaban en blanco al no entenderlas cantadas. Al enterarse de que Lennon está en Almería rodando una peli de Richard Lester ('cómo gané la guerra') decide ir a verlo para preguntarle sobre las palabras que faltan y así rellenar los cuadernos de sus alumnos. 



No se plantea si lo logrará o no. Lo indudable, lo 'lógico' es ponerse en camino.

Es una persona conmovedoramente íntegra, abierta a la vida con una entrega inevitable que suele surgir en los que tienen que convivir con situaciones oscuras (maltrato a los alumnos en el colegio de la época donde da clases) y, en lugar de identificarse con esos valores negros, permanecen interiormente libres.

Película de carretera, por tanto, con una chica embarazada y un chaval de pelo largo, como los Beatles, escapados de sus respectivas casas, como compañeros de camino. El título de la película es uno de los versos de Lennon de la canción 'strawberry fields forever', campos de fresas para siempre, compuesta precisamente durante su estancia en Almería.

Ahora, desde primavera, puedo ir más veces al cine gracias al cupón de descuento de la cadena de los cines Renoir (para interesados con poco dinero que estén por Madrid) Al comprar una entrada normal viene un cuponcito que hay que leer y no tirar. En un margen de diez días puedes volver al cine cualquier día, a cualquier sesión, por 5,50 €.

Terminado el aviso para navegantes vuelvo a las otras pelis. De mayor calado, rezumando alma, intensos sentimientos para bien o para mal. En mayor o menor grado las tres impresionan.

"La vida de Adèle", de  Abdellatif Kechiche, es una de las películas en las que más apasionadamente se ha logrado transmitir el deseo (ahora mismo recuerdo pocas con igual intensidad, tal vez en la versión de 'El cartero siempre llama dos veces' de Jack Nickolson y Jessica Lange). Además se trata del deseo que acompaña un primer amor adolescente y encima mal visto por algunos compañeros de instituto por ser homosexual. Esto le da una doble peso a una situación, relación de pareja, que algunas personas sólo conocerán de manera tibia en su vida, independientemente del género de su pareja. 
  
Pues lo impresionante de esta historia de amor es cómo transmite el crecimiento imparable de las emociones, con cada gesto y latido. Hasta los platos de pasta que cocinan los padres de Adèle tienen una presencia apabullante. Yo diría que hasta los espaguetis respiran. 
Una de esas historias de amor que, por suerte y por desgracia, marcan para siempre porque la alegría y el dolor que producen han surgido de una conexión en el fondo del mar. Aunque, como en esta historia, sólo una de las personas de la pareja lo haya sentido así y la otra se haya limitado a planos más llevaderos. Pero esa es la grandeza y lo terrible de lo excesivo: se goza mucho más y se sufre mucho más. 

Premio de Cannes el 2012 y unas interpretaciones memorables para la historia del cine.
Las otras dos películas hablan de otras situaciones, destructivas sin paliativos, en las que la persona que las crea es consciente de su error y aún así persiste en su manera de actuar.

"Stockholm", de Rodrigo Sorogoyen, es una película original por su propia estructura en dos partes. En la primera se narra el encuentro de dos jóvenes una noche, aparentemente divertido y encantador (como el chico), paseando por Madrid conversando (recuerda en parte a la trilogía de 'antes del amanecer, atardecer, anochecer', de Linklater), mientras se conocen también en apariencia.
La segunda parte es el día siguiente, cuando los dos se descubren realmente y aparece el tema de la historia. 



Ella sabía desde el principio que no debía creerle pero decide hacerlo. También persiste en su decisión cuando ya todo se ha derrumbado y no en simples cenizas, sino en brutal rechazo. No puedo contar más por no fastidiar a la gente que aún no la ha visto. Es una de las películas en las que más claramente se cuenta una actitud autodestructiva. Seguir con lo que nos daña es más frecuente de lo deseable. Una actitud sostenida por la tentación del vértigo, o por escupir nuestro dolor inútilmente, o por preferir seguir enfangados y tener terror a la libertad. 

Tristeza seca, sobriedad estremecedora. Esa casa del chico tan blanca, tan limpia... Una pequeña película honesta bailando en el alambre.

Y la última de Woody Allen. "Blue Jasmine". Como dice su título es de las películas de Allen tristes, rotas. Aunque no me resultó impresionante, a pesar de la magnífica interpretación de Cate Blanchett. Quizás porque la historia está contada desde fuera y es ella la que pone el dolor de una vida arrasada. Parece que el propio Allen y el resto de personajes no acaban de sentir empatía por los detalles de la vida de esa mujer. Casada con un tiburón financiero y ladrón, que al ser descubierto y llevado a la cárcel se suicida y nadie lo siente. Ella le ha perdido antes como marido, harta de descubrir sus infidelidades sistemáticas, y también pierde su privilegiada situación económica, quedándose en la ruina, teniendo que recurrir a su hermana, su polo opuesto, para tener un techo donde vivir. 



Quizás porque ella se hizo la tonta ante los delitos de su marido, sin querer saber su trapicheos de altos vuelos. Porque es una esnob a quien le preocupan ante todo las apariencias, las marcas, la moda. Porque se avergonzaba de su hermana pobre, cutre, hortera. Por su manera despectiva, paternalista de tratarla en el pasado. No sólo en una visita que le hace a Nueva York, sino por haber dejado en manos del ladrón de su marido su poco dinero y arruinarla a ella y su marido.

Para mí es alguien antipático, insufrible, insensible, que querría tener lejos de mí. Pero su manera de persistir en mentiras que la hagan parecer glamurosa, cuando ya no tiene dónde caerse muerta y acaba de conocer a un hombre que parece quererla, me resulta patéticamente autodestructiva. La causa de su nueva desgracia reconocida por ella misma. En el coche, recién descubiertas sus mentiras, entre lágrimas de rabia: "es por mi culpa". Y sin embargo, seguirá con su dolorosa actitud altiva, ya sin orgullo que sostener. 

Lo importante aquí, más que en otras historias, es extrapolar, si no lo logramos gran parte de la vida se nos escapa sin comprender. Reconocer actitudes negativas más allá del decorado, de la época, del lugar, del estatus.
A no ser que nos quedemos tan sólo con la apariencia de la vida, como la protagonista de esta historia. 
    

domingo, 16 de diciembre de 2012

Alma en los ojos de un tigre ('Vida de Pi de Ang Lee y 'Una pistola en cada mano' de Cesc Gay)


Por Tesa Vigal

Alma por todas partes. Yo diría que ese era el meollo de la contracultura de los movimientos hippies y roqueros de los años sesenta y setenta. Por eso era contracultura, porque iba en otra dirección muy distinta de la sociedad de consumo, en la que lo importante era lo material. Lo que se tenía y no lo que se era. ¿Os suena? Una ¿evolución? que seguiría pendiente y con más razón en estos tiempo convulsos, que parecen pedirlo a gritos. Como dijo John Lennon en el libro 'Lennon recuerda' (larga entrevista de Jann Wenner en los setenta), cuando le pregunta su opinión sobre aquellos movimientos: "fue una simple ojeada a todas las posibilidades".

El hindú llamado Pi de la película de Ang Lee ve el alma en los ojos del tigre llamado Richard Parquer. También la ven los indios sioux que lo sigan siendo, y cualquiera que así lo sienta, aunque haya nacido en el centro de una ciudad occidental. Aquí va el trailer del que me gustan las imágenes, aunque las frasecitas que lo acompañan se quedan al nivel superficial de un trailer.
"http://www.youtube.com/embed/kxAGTwzMb7w

La película es insólita porque ya lo es la novela en la que se basa de Jean Martel. Más allá de la historia inusual de Pi, un náufrago que tiene que compartir barca y peripecias con un tigre de Bengala, está su manera de vivirla. Desde la loca exaltación que siente al comenzar la tormenta que provocará el naufragio, hasta el descubrimiento de que el motivo por el que sobrevivirá es, precisamente, la dureza enloquecedora de tener que compartir ese naufragio con Richard Parquer, el tigre. Pasando por esa escena sobrecogedora en la que Pi desea saber qué es lo que ve el tigre, cuando le observa contemplando fijamente la inmensa y misteriosa noche estrellada sobre ese mar inabarcable que les cobija, les amenaza, les sugiere, les empuja, les pregunta, les saca fuera de sí, y les arroja dentro de sí mismos.

Creo que casi todos en la vida, al menos una vez, se ha encontrado en una situación así. Empezando por la gente inmersa en una crisis de cualquier tipo. Cuando el suelo desaparece bajo los pies, se pierde lo que se tenía (que puede ser material, psíquico, emocional, o incluso todo junto) y lo que nos rodea tiene una nueva brújula en la que las coordenadas son desconocidas, cada cosa tiene que ser nombrada de nuevo, el empezar de cero es inevitable y vertiginoso, y tenemos que mirarnos a los ojos, a los nuestros y a los  otros y resistir el miedo y el enigma respondiendo, actuando con ello.
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Curiosamente una película de Cesc Gay, que nada tiene que ver con la de Ang Lee, 'Una pistola en cada mano', me dio la impresión de que cuenta los momentos previos a tocar fondo de los que hablaría la vida de Pi. Si las personas que pueblan esta historia coral de magníficos actores (Leonardo Sbaraglia, Luis Tosar, Ricardo Darín, Eduard Fernández, Candela Peña, Alberto San Juan, Jordi Mollá, Leonor Waitling, Javier Cámara, Eduardo Noriega...) siguieran viviendo su vida más allá del punto y final de la película se encontrarían compartiendo un naufragio con un tigre de Bengala. Pero de eso ya no habla la película, sino de los momentos previos, aparentemente cotidianos, tiernos, ridículos, contradictorios... En los que cabe el sentido del humor y el absurdo caminando hacia otra historia. 
Tengo la impresión de que en el fondo de todos los seres humanos se encuentra el alma pura, salvaje, enigmática, profunda, oscura y luminosa de los ojos de un tigre. Para bien y para mal y abarcando ambas cosas en el tremendo misterio de la vida que siempre está ahí, esperando...

viernes, 30 de diciembre de 2011

La turbadora experiencia de Bob Dylan

Por Tesa Vigal




“Todo el mundo está encarrilado y yo en cambio sigo dando vueltas". "Un sueño infantil es una necesidad inmortal". Y una frase reciente: "Estoy observando los barcos, estoy estudiando el polvo, estoy pintando la ciudad, dando mi última vuelta".

Robert Zimmerman- Minnesota 24 mayo 1941.

Alias: Prestidigitador, vagabundo, colgado, traidor, leyenda, cínico, estrella, baluarte, camaleón, impenetrable, jugador, bufón, introvertido, vividor, profesional, loco, monje, crápula, mil caras... En realidad le han llamado bastantes más cosas por el afán de la gente de etiquetar lo que sea y a todo el mundo. Es significativo que Dylan se escurra siempre de todo tipo de calificativo: tiene algo inclasificable y límites que nunca se acaban. A cada nueva lectura saltan como pulgas nuevos e insospechados matices, sugerencias, asociaciones.


Poeta, aunque ciertos popes del mundillo literario del siglo XX nieguen al juglar, por supuesto sin haberle leído aunque, afortunadamente, hay escritores que le conocen y le admiran. Supongo que, con los primeros, funciona el prejuicio que considera al rock algo poco serio. Claro que las traducciones existentes de Dylan suelen ser malísimas, entre otras cosas porque no las hacen traductores literarios, y eso que la poesía es, precisamente, lo más difícil de traducir.
Pero esto es lo curioso y sorprendente. Aún con malas traducciones la potencia, originalidad, sutilidad, imaginación y profundidad de sus letras, (en sus varias facetas sencilla o surrealista, visionaria o concreta, onírica o cotidiana, lírica o furiosa), sorprende, impresiona, fascina o inquieta.
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En el año 2007, Tod Haynnes hizo una película sobre sus lados y facetas: I'm not there ("No estoy ahí"). Es una peli curiosa y original como todas las de Haynnes, aunque creo que le ha salido fallida, irregular. Aún así es muy interesante y tiene momentos fascinantes.

Y es que, justamente, su variedad de facetas es lo que más llama la atención de Dylan. Alguien muy rico interiormente y que, además, es un artista laberíntico surgido en una época de transformación social y cultural como fueron los 60, así que enseguida le pusieron una bandera en la mano (algo que Dylan, según propias declaraciones,  nunca quiso llevar), haciéndole suyo y exclusivo. Había gente que se subía al tejado de su casa y otros que acampaban frente a ella. Dylan comenta sobre aquellos momentos: "Comenzaron a destrozarme... Me asediaban, preguntándome cosas que yo no sabía y esperando respuestas que les confirmasen que yo era algo grande". Si se apartaba de su campo y además vivía otros le llamaban traidor. Esto también se refleja en el documental de Scorsese "Not Direction home", con imágenes en vivo de la época. Dos conciertos en los que le abuchean y le insultan porque toca la guitarra eléctrica en vez de la acústica. En uno de ellos un tipo furioso trata de cortar un cable en el escenario. En el otro, alguien le grita traidor en medio del abucheo. En ese momento Dylan deja de tocar, mira hacia la voz y le responde "no te creo". Hubo otro revuelo en la época en que fue cristiano (periodo aproximado 1980-83), tocando en discretas reuniones parroquiales, pero para entonces ya no era una estrella y su repercusión había dejado de ser la delirante de los años 70.



Siempre ha rehuido, salvo contadas excepciones, las entrevistas. Sin embargo existen multitud de comentarios espontáneos sobre la marcha, en diversas circunstancias, hablando con amigos, en comentarios en medio de una gira, grabando algún disco, o en medio de algún proyecto. Por ejemplo: "Quien no está ocupado viviendo está ocupado muriendo".

En la peli de Haynnes, las diversas facetas están interpretadas por distintos actores. Entre los principales Heath Ledger como el Dylan acústico-folk de los primeros tiempos, Christian Bale el de la época cristiana, Richard Gere es el Dylan agreste, viviendo en el campo rodeado de caballos, de los últimos tiempos. También aparece el niño negro vagabundo tocador de blues, y el poeta ¿maldito?, aunque no conozco a los dos actores que los interpretan respectivamente. Punto y aparte es la inquietante y sublime Cate Blanchett interpretando su época desquiciada de estrella de rock (ganó por este papel el globo de oro y fue nominada al oscar).

En fin, esto de ver etiquetas en vez de a una persona es mala cosa y crea muchos malentendidos. A nivel de relaciones sociales, incluso suele surgir incomprensión entre alguien de muchas facetas y gustos varios y alguien más unilateral que no logra entender al primero. Cosas del tipo de "Si te gusta Leonard Cohen no pueden gustarte los tambores africanos o el punk", o "Si te gusta Blake no puede gustarte Kerouac "...

Directa o indirectamente su influencia es variopinta, sorprendente y casi infinita.
Entre sus libros destacan la inclasificable "Tarántula", a modo de novela, de 1971. Y "Crónicas I" publicado hace pocos años, a modo de apuntes biográficos-artísticos, esto es hablando de anécdotas internas y externas de su proceso creativo. Fascinante inmersión en el interior de sus motivaciones.
Dirigió la película "Reinaldo y Clara", en los 70, de cuatro horas de duración, distribuida finalmente en una versión de dos horas. Y como actor ha participado en varias películas. Destacan "Pat Garrett & Billy el niño" de Sam Peckinpah, y "Corazones de fuego" de Richard Marquand que sólo se estrenó en Inglaterra.
No ha dejado de grabar discos y sus actuaciones y giras en directo han sido casi continuas. (A la izquierda foto de un concierto con la mítica the band). Yo le he visto en directo dos veces. Las dos me dejaron asombrada porque en sus actuaciones no reproduce sus discos; los vuelve a crear, hasta el punto de que sus canciones más famosas son irreconocibles. Está claro que disfruta tocando "en vivo". Nunca esa expresión me pareció que tenía un alcance más profundo que con él. Suscribo las palabras de Jordi Sierra en su biografía, hablando de que el "Dylan de siempre" no existe: "Nunca lo ha hecho. Sus reglas de juego son otras: mirar hacia delante, seguir los impulsos intuitivos, dejar la nostalgia y la auto complacencia para otros"

Durante un invierno en Alemania hace mucho tiempo, junto a una amiga auténtica que estudiaba allí, escuchamos tanto el disco de "Highway 61 revisited" que se jodió la cinta. Por entonces admiraba unas pocas de sus letras. Ha sido hace poco, a través de la recomendación de un amigo de su penúltimo disco, cuando fuí consciente de cuánto me atrapaba su música y, sobre todo, me quedé deslumbrada por sus letras. En fin, me ocurrió lo contrario de la decepción por viejos gustos. Fue un redescubrimiento inesperado, porque tenía a Dylan medio olvidado.
Él mismo condensa su vida en forma de poema-crónica. No tiene desperdicio. Se puede leer entera en la interesante página www.goddylan.com Se titula "Mi vida en un momento robado", y entresaco algunos curiosos versos significativos:

"Hibbing es una buena ciudad,/ huí de ella a los 10, 12, 13, 15 y medio, 17 y 18 años/ fuí capturado y devuelto allí todas las veces menos una(...) Me expulsaron de la clase de inglés por escribir tacos(...) También fracasé en la clase de comunicación por llamar por teléfono/ cada día para decir que no podía ir(...) / Fui bailando todo el camino desde los festivales indios de Gallup/ Nuevo Méjico, el Mardi Grass de Nueva Orleans/ con el pulgar al viento, ojos adormecidos, el sombrero vuelto/ y la cabeza dándome vueltas/ vagué a la deriva aprendiendo nuevas lecciones/me fabriqué mi propia depresión,/ subí a trenes de carga por divertirme/y fui aporreado por diversión./ Corté césped por veinticinco centavos/ y canté por diez (...)/ en algún lugar me tomé el tiempo necesario/ para empezar a tocar la guitarra(...)/Y aún no puedo encontrar tiempo para regresar y ver por qué y dónde/ empecé a hacer lo que estoy haciendo(...)/
De él opina casi todo el mundo. Lennon reconoció que el primer peta se lo pasó Dylan. "Es un pozo sin fondo" (Lou Reed)-"Si Elvis liberó mi cuerpo, Dylan liberó mi mente" (Bruce Springsteen). (Abajo foto de los últimos tiempos)

Hacia los 13 años es un asiduo visitante de la tienda de discos. Le gusta la música negra y le impresiona profundamente la irrupción del rock en esa década de los 50. Rock es lo primero que tocó. Y a los 20 años llega a Nueva York... Pero para su vida existen montones de libros. Cualquiera puede valer para conocer datos. Sólo hay que tener especial prudencia para dejar aparte las interpretaciones de los mismos; en el caso de Dylan son especialmente emotivas en un sentido o en otro.

POEMAS-LETRAS

"Yo veía cosas que otros no veían. Eso lo he sentido toda la vida, lo he captado a mi alrededor. Y no es fácil, es terrible. Los demás se ríen".
Hace un par de meses, redescubrí sus letras a partir de los versos citados en un libro que me salió al paso, y me llamó la atención por el subtítulo (años de luces y sombras) que coincidía con un periodo crítico (años 80) en su vida. Paul Williams cuenta en su libro que en ese momento Dylan miraba sus antiguas canciones y se preguntaba sobre su sentido, sin poder tocarlas en el escenario "¿Qué es todo esto?", le oían murmurar los músicos, negándose a citarse a sí mismo. Hasta que de pronto, en medio de una actuación con la banda de Tom Petty, en 1987, al aire libre y rodeados de niebla y viento, el propio Dylan cuenta que una frase cruzó su cabeza: "Estoy decidido a resistir, tanto si Dios me libra como si no. Y de pronto todo estalló en todas direcciones. Y noté que toda la gente que estaba allí... Supe que tengo que salir a tocar estas canciones. Eso es lo que debo hacer".

De ahí pasé a leer varios de los libros de sus letras y me reencontré con algunas. Algunas son historias condensadas en escenas. Por ejemplo en "Ballad of Hollis Brown": 
"Tus críos lloran más fuerte,/machacando tu cerebro./ Los lamentos de tu mujer apuñalan/como sucia y violenta tempestad./ Tu pasto se ennegrece, no hay agua en tu manantial (...)/ Tu cerebro es una sangría/ y tus piernas no pueden permanecer en reposo (...)/ Siete murmullos forman un soplo/ alrededor de la puerta de la cabaña".

Otras son líricas. Y otras son las que más incomunicación generaron en algunos por oníricas, o surrealistas y a un icono y un baluarte se le exige una explicación. Para él las canciones son una experiencia:
"... tratar de entender el significado completo de las palabras puede destruir el sentimiento de la experiencia como un todo". "La canción, sin embargo, ya estaba ahí antes. Yo sólo la he recogido. Sólo fui hasta el lugar en que estaba y la arrastré con mi mano y mi pluma, pero seguía estando ahí antes de que yo llegase".


La impresión que producen sus versos, especialmente los más visionarios, es la de una sed irreductible tratando de devorar al mundo entero incluyendo la nada. De ahí ese desfile portentoso en el que aparecen titiriteros, Einstein, Ezra Pound y T.S. Eliot luchando en la torre del capitán, cucharas de plata, Cenicienta, miradas mercuriales, antorchas, visiones de Johanna, enigmáticos payasos, monjes celosos, tuberías de desagüe... Son como invocaciones de la atmósfera de un momento entero en seis dimensiones y siete sentidos, con imágenes encadenadas de potente relieve.


Así empieza "It's alright, ma (I'm only bleeding) (Está bien, ma sólo estoy sangrando):
"Oscuridad al romper el mediodía/ ensombrece hasta la cuchara de plata/ la cuchilla artesana, el globo del niño/Eclipse de sol y luna/ supiste demasiado pronto/ que no tiene sentido tratar de entender".

De "Mr.Tambourine man" (señor panderetero):
"¡Eh, señor panderetero! Cántame una canción (...)/ Soy una antorcha erguida,/ no conozco a nadie/ y las antiguas calles vacías están demasiado muertas para soñar(...)/ Hazme desaparecer a través de los anillos brumosos de mi mente;/ hazme caer en las ruinas nebulosas del tiempo, más allá de las hojas heladas/ de los árboles fantasmales, de la costa borrascosa;/ lejos del sinuoso alcance de la pena enloquecida./ Sí, danzar bajo el cielo diamantino, trazando con la mano ondas delirantes,/ silueteado por el mar, rodeado por un circo de arena./ Toda memoria y destino posados bajo las olas./ Déjame que hasta mañana, me olvide del presente".

"Tomorrow is a long time":
"Si el día de hoy no fuera un camino sin final;/ si esta noche no fuera una senda quebrada;/ si mañana no fuera demasiado tarde,/ la soledad no significaría nada para ti".

En "Atascado en Mobile con los blues de Menphis otra vez", aparece: 
"Shakespeare está en el callejón/ con sus zapatos de puntera y sus cascabeles/ hablando con una francesa/ que dice conocerme bien".
Y este es el principio de "Sad-eyes lady of the lowlands" (‘Dama de los ojos tristes de las tierras altas’):
"Con tu boca mercurial en los tiempos misioneros,/ y tus ojos como humo y tus plegarias como rimas,/ y tu cruz de plata, y tu voz como campanas,/¿cuál de ellos podría enterrarte?/ Con tus bolsillos bien protegidos por fin/ y tus visiones tranviarias que colocas sobre la hierba/ y tu carne como seda, y tu rostro como cristal,/ ¿cuál de ellos podría llevarte consigo?/ Señora de ojos tristes de las tierras bajas,/ donde el profeta de ojos tristes dice que ningún hombre llega,/ mis ojos de almacén, mis tambores árabes,/ ¿debiera dejarlos junto a tu puerta?".
Y, por último, estrofa y media de "Donde caen las lágrimas":
"He rasgado mis ropas y he apurado la copa,/ descartándolo todo,/ pensando en ti cuando amanece/ donde caen las lágrimas./ Por ríos de ceguera,/ enamorados y con cariño,/ podríamos brindar si nos encontráramos,/ por el corte de las alambradas,/ por el despertar de los sentidos/ que persisten en el calor abrasador".
Se encuentran traducciones de casi todos sus discos en internet, menos de los últimos. Publicado existe un libro recopilatorio de todas sus letras hasta el 2001 (de nuevo faltan los últimos), lo que significa un libro enorme del que no recuerdo la editorial, lo vi hace poco en alguna librería. Y luego están las traducciones por épocas de la editorial Fundamentos. En cuanto a biografías y demás son recomendables cualquiera de los libros de Paul Williams, aunque él se centra en conciertos y grabaciones más que en otra cosa. Orientativ y sugerente, además de proporcionar datos fundamentales, el librito conjunto de Jordi Sierra y Jordi... (son dos Jordi, pero siento haber olvidado el apellido del segundo, lo siento) actualizado recientemente de una vieja edición de los setenta.

Para acabar unos versos finales de “Born in time” (‘nacidos a la vez’): 
“En las colinas del misterio, / en la brumosa red del destino,/ puedes quedarte con lo que quede de mí”.