Dylan

Dylan
Paul Auster, 'Blade Runner', Carson McCullers , 'Arrebato' y Dylan, familia de Rimbaud

sábado, 23 de julio de 2016

Pistas de Marlowe, huellas de Patti Smith, silencios de Mickey Rourke

El detective Marlowe, el más melancólico, el protagonista de los libros de Chandler, investiga al saxofonista que suele tocar por las noches, en verano, a la puerta del cine Renoir, un jazz tan melancólico como él, quizás eso es lo que le intriga. Otro motivo podría ser que el músico y su saxo se han colado en la peli 'el sueño eterno', quizás a través de la frontera entre las sensaciones solitarias del chico de la moto (Mickey Rourke) en 'la ley de la calle' (foto abajo) y la voz de Patti Smith recitando a Rimbaud. 



En cualquier caso, todo ello forma parte de lo que alimenta aunque no se coma, por lo cual es tan necesario como el aire, aunque varía según gustos personales (tan misteriosos como todo lo demás), que también pueden investigarse pero es absurdo juzgar. Conviene recordar lo que decía Henry Miller sobre la poesía ( y que suscribo, aunque no recuerdo literalmente la frase): "no se trata de erudición sino de sensibilidad". Por cierto, lo decía en un librito único, a partir de la figura de Rimbaud, y que puede que deje perplejos a lectores de sus trópicos, de Cáncer y de Capricornio, si no se han fijado en su fondo dionisíaco y sólo en sus peripecias por París: 'El tiempo de los asesinos', en alianza editorial, pequeño de tamaño y desbordante en su alma apasionada. 

Escribí sobre él en el blog complementario de libros con aliento http://librosconaliento.blogspot.com.es/2014/12/la-poesia-en-estos-tiempos-el-tiempo-de.html  

Viendo la última peli de Linklater 'todos queremos algo' sentí que me sabía a poco, pero claro para mí son memorables sus anteriores: 'Boyhood' y su trilogía de 'antes del atardecer...' etc. Eso sí tiene su misma fluidez atrapadora en la manera de contar, pero el encanto se queda corto, a pesar del personaje típico de la contracultura de esos años (1980), volcado en sus experiencias perceptivas (con petas y sin ellos) (foto dcha.) y su afán de realización personal al margen de lo práctico, o lo usual, que está personificado en los demás personajes, interesados sobre todo en sus hormonas estudiantiles (con alcohol o sin él). 

Pero el protagonista me resultaba algo insípido, quizás porque tenía un aire a Matt Dillon en 'Rumble fish' ('la ley de la calle' foto izda.), aunque el parecido se limitaba a lo físico. El magnetismo de Matt Dillon es sólo de Matt Dillon, y no digamos el de su hermano en la peli Mickey Rourke. 





Escribí sobre ella en el blog complementario película secreta
http://peliculasecreta.blogspot.com.es/2014/09/rumble-fish-la-ley-de-la-calle-de.html 

El otro día me dio pena que la gente que me acompañaba no disfrutaran, tanto como yo, con una peli en el cine Bellas artes: 'El sueño eterno', de H. Hawks. Sólo uno comentó conmigo alguna de sus frases irrepetibles:
"-No es usted muy alto... / Hice lo que pude".
"-No me gustan sus modales / A mí tampoco, por la noche no me dejan dormir". 
"-Es usted muy mono (atractivo) / Nadie lo es". 


Ante mi sorpresa, lo que discutían era quién mató a quién, como si el cine negro fuese una historia de la tía Agatha (Christie). Recordé la anécdota que había leído una vez sobre el rodaje. Cuando el director, hecho un lío con la trama, decide preguntar al autor de la novela, tan atmosférica como la peli, y Chandler le da una respuesta de lo más significativa: "Y yo qué sé quién mató a quién, eso no es lo importante".

Me miraron con cierto recelo y me callé, sintiéndome asquerosamente rara por la incomunicación, y triste porque ellos no hubieran disfrutado con la atmósfera de la peli, sus diálogos, su humo, sus miradas (sobre todo la de Lauren Bacall), la lúcida melancolía del detective Marlowe-Bogart... La soledad en compañía me supo árida, me olió a rechazo, a absurdo, a cuneta polvorienta. Aún sabiendo que lo mejor era pasar del asunto, tomarlo con humor, pero en momentos frágiles pasa lo que pasa y acabé la tarde arrastrándome como un caracolito. En fin, para olvidarme bailé un rato al llegar a casa, con música de la Creedence. Y recordé a Patti Smith recitando a Rimbaud:







jueves, 12 de mayo de 2016

La libertad es interior o sólo una suposición: 'Azul' de Kieslowski

'Azul' es la primera película de la trilogía de Kieslowski, dedicada a los tres colores de la bandera francesa: azul-libertad / blanco-igualdad / rojo-fraternidad. Cuando las estrenaron, en los 90, fue 'Azul' la que me impactó, y en su reciente reestreno hace un mes más o menos, la única que me apeteció volver a ver. De nuevo me impresionó la serena rabia con la que empieza desde cero su protagonista, una Juliette Binoche cuya interpretación me puso los pelos de punta. 

Esa aparente contradicción entre rabia y serenidad da lugar a una apabullante fusión, una actitud de entera sobriedad, sin concesiones, que abarca por igual a sus decisiones de vender algo, alquilar algo, destruir algo... tras desaparecer bruscamente su pasado en el accidente con el que comienza la historia, y que la coloca ante la posibilidad de enfrentarse cara a cara con la libertad. Con igual sobriedad se enfrenta y expresa sus sentimientos, aceptando lo que hay, dentro y fuera de ella. Y es su actitud lo que impacta, porque nace del centro de uno mismo, donde no sirven mentiras, ni vacíos formalismos, ni máscaras, ni siquiera furia. De nada sirve arremeter contra la lluvia, pero asoma la libertad en la manera de vivirlo. Justamente ahí reside el meollo de la libertad, que puede cambiarlo todo y crear infinitos caminos. 




La libertad no supone poder hacer cualquier cosa (se me ocurre que en ese caso desaparecería su vértigo misterioso), siempre hay circunstancias fuera de nuestro alcance, que nos vienen dadas como la lluvia, o el momento y lugar donde nacemos, la libertad es elegir cómo vivirlo aceptando las consecuencias. El vértigo de la dignidad interior, porque la dignidad no puede dártela nadie, y de ahí la naturalidad con que responde la protagonista a una propuesta de una vecina "en la que ya han firmado los demás vecinos": "No es asunto mío". La escueta decisión de dejar la vacía casa familiar, pendiente aún de venderse, a la amante de su marido, cuando se entera de su existencia y de que está embarazada. Porque la bondad no es debilidad ni tontería, sino todo lo contrario cuando es auténtica, y surge por lo tanto de la libertad, la empatía. 



La protagonista asume cómo se siente, aceptando que eso es lo que hay, y no hay por qué esconderlo, tampoco exhibirlo. Ambas cosas serían ya espurias, interpretaciones de un personaje tapando a la persona. Y, en este viaje interior, es fundamental el enorme magnetismo de J. Binoche, apenas sin palabras me transmitió todo lo anterior y algo más que desbordaba hondura, firmeza, fragilidad... Como en esa escena estremecedora en que descubre una rata, pide prestado el gato de un vecino, lo mete en la habitación para que se coma al roedor y a sus crías, y luego huye asustada, sin atreverse a volver a su casa, conmovida, vulnerable, hasta que recibe la ayuda de una vecina. 

Cada gesto parece surgir del fondo de un pozo. Cada mirada trata de entender el mundo misterioso que nos rodea y del que también formamos parte, sin poder evitarlo. Toda la historia está empapada de una atmósfera sin nombre, cuando todo acaba y comienza, en tierra de nadie. La libertad siempre es fronteriza. 

También me ha encantado el premio Nadal del año pasado, 'Cabaret Biarritz', de José C. Vales, melancólica novela envuelta en áspera lucidez, su huella laberíntica a través de la investigación de un periodista sobre varias muertes, ocurridas en los años 20, en la costa azul, bajo su apariencia alocada, vital, soleada. Caleidoscopio de miradas, suposiciones, cartas, interpretaciones, selección de recuerdos. Y la verdad escurriéndose entre los agujeros de la red que nos envuelve.

Y la gloriosa canción de Prince 'purple rain', cuyo final inesperado, instrumental, envolvente, la vuelve única, y sin embargo está cortado en la mayoría de los enlaces de internet. Por eso incluyo la versión original del disco, además de una actuación en directo en la que se ve cómo se las gastaba Prince en directo, y es un flipe ver algunas caras de los asistentes:

http://es.musicplayon.com/play?v=603996

Y aquí la versión integra con el largo final incluido: Ejem, sintiéndolo mucho el enlace lo han retirado, así que recomiendo que lo escuchéis en el disco del mismo nombre, es la última canción. Es una pena que amputen ese final tan único en todos los vídeos. Pero ahí está la actuación del enlace de arriba.






          

domingo, 3 de abril de 2016

Mejor no lo leas si no te interesa el arte (a partir del documental 'Hitchcock Truffaut')

O si no te intriga su realidad: de dónde surge la necesidad humana de contar historias. Como diría Lorca pan para el cuerpo y pan para el alma. O si confundes talleres con tertulias, o si crees que es posible aprender a escribir.

Claro que en ciertos casos es más determinante que en otros. A mí me salvó el arte, en una de esas infancias con olor a azufre y asfixiante silencio. Libros y películas me hicieron descubrir que existen todo tipo de personas, lugares, situaciones, tiempos, que el mundo es enorme y laberíntico como cada persona, que los bichos raros también tienen derecho a vivir (además de apuntar al misterio que empapa la vida), que los callejones sin salida contienen puertas secretas, que las trampas, las tormentas, la desolación pueden revelar significados si los vives con la actitud aventurera del viaje a Ítaca del poema de Kavafis (la meta es el camino). Y el indio don Juan Matus, por boca de Castaneda, lo puntualizaría en una frase impresionante, sólo para indios aunque seas rostro pálido: "la gente vive todo como una maldición o una bendición, el hombre de conocimiento lo vive todo como un desafío".

Isak Dinesen (Karen Blixen)

El arte enseña a vivir, no de manera didáctica sino explorando, por eso lo creativo se basa en el juego. Todos los niños lo saben, metiéndose por completo en la historia que recrean, y esa es la autenticidad que comparten los artistas, de la que habla el interesante documental sobre las conversaciones entre Truffaut y Hitchcock, que dio lugar a un libro mítico en los 60. Fascinantes las imágenes de sus películas seleccionadas, con todo el peso vital de un sueño. En este sentido van dos frases de la escritora Isak Dinesen (Karen Blixen): "Lo mejor de mi naturaleza se revela en el juego, y el juego es sagrado". Y: "El auténtico arte siempre debe suponer cierta brujería". 

Otro efecto complementario es vivir más, por arriba, por abajo, y por ambos lados. La empatía surge de manera inevitable y las etiquetas se deshacen en el polvo de lo absurdo y la incomunicación. En los matices está la inteligencia de las cosas y la libertad se percibe tan necesaria como el aire. Más tarde, me fijé en que los sueños eran nuestro cuaderno de bitácora y además usaban el lenguaje analógico, simbólico del arte. Con ellos aprendí que lo real es la experiencia, lo que se vive, ya sea en un sueño, o en la vigilia, en la ficción o en lo cotidiano más pedestre. Si en un sueño nos persigue un vampiro, sería conveniente observar con cuidado a la gente que nos rodea, aunque en apariencia carezca de colmillos, los tiene. Y si aparece una llave... Puertas cerradas, secretos, tesoros, claves... Ese es uno de los objetos favoritos de Hitchcock en sus pelis, por ejemplo en su fascinante 'Notorious'. 

La llave de 'Notorious'

Comparto la opinión de que los sueños y la imaginación creativa tienen la función de explorar, completar, revelar la esencia de la "realidad". Como decía Orson Welles: " el arte es una supuesta mentira que sirve para contar la verdad". También desvelan parte de ella los ensayos y el periodismo, aunque su alcance es menor a pesar de que los datos y las ideas son importantes y necesarios, pero al no ser una historia no puede ser vivido y sólo la experiencia alcanza al ser humano entero. Por eso me asombra cuando escucho a alguien decir que la ficción es mentira, puede que se esté defendiendo con esa postura reductora, es comprensible, pero no me sirve porque mutila la vida.

Las historias enseñan a imitar, evitar, descubrir, bucear, ponerse en lugar de, conocerte y conocer a los otros. Y creo que la presencia de estos efectos, o su ausencia, es lo que marca la diferencia entre un libro o una peli vacía, falsa, o sólo mental a modo de ensayo, de una obra creativa. Otra frase, de Truman Capote: "entre la gente que escribe, están los escritores y están los artistas". Por eso creo que no se puede enseñar a escribir. Mejor dicho, se puede enseñar a escribir correctamente y también un montón de fórmulas, trucos argumentales para captar al lector que sólo quiere distraerse, o matar el tiempo, algo que me parece estupendo si lo disfrutan, aunque es otra cosa de efecto más pequeñito. Pero escribir creativamente no admite trucos, es otro mundo (tengo que reconocer que soy una romántica). Escribiendo te conectas a no se sabe dónde, desapareces y sólo está la historia que quiere ser contada. Por eso la corrección consistiría en encontrar la trama, o palabra exacta que lo logre. 

Truman Capote

Incluso si se trata de relatar un pasaje biográfico, para completarlo y revelar su verdad más profunda a veces es necesario modificar detalles, igual que hacen los sueños. Sin embargo, tratar de simplificar la vida es muy humano, una defensa ante el vértigo de su misterio. Una vez escuché el tono, curiosamente defensivo de alguien, afirmando categóricamente que escribir es un oficio. Estoy de acuerdo en su parte más técnica, pero sólo la técnica no crea arte. Y percibo una falsa humildad en ello. No lo entiendo, tan natural es un lado como el otro.

No sólo el arte es vital, también puede ser algo vivo hablar sobre él. Una tertulia es gente charlando fluida, libremente, y si lo hacen con sensibilidad no habrá lugar para lo didáctico, ni para la simple curiosidad intelectual. Eso tiene también su lugar, interesante aunque más limitado, pero es mejor no confundirlo para saber dónde te metes. En los últimos tiempos me parece que abunda esa confusión. 

Henry Miller
He asistido a tertulias, o clubs de lectura, donde me encontré con una persona, o un grupito de amigos, que ponían un libro sobre la mesa elegido por ellos (o lo tomas o lo dejas como las lentejas), sobre el que desplegaban sus loables motivos didácticos, incluso leyendo al principio un párrafo informativo sobre el autor (como si cualquier interesado no pudiera encontrarlo en internet). Tras ese momento de perplejidad, iban dando turnos de palabra, porque admitían a cuanta más gente mejor, evitando así una charla fluida. En fin, echo de menos las apasionantes conversaciones que he disfrutado en otros momentos de mi vida, surgidas sobre la marcha, o decidiendo entre todos un tema como punto de partida, que no de llegada. 

Acabo con varias frases más. Una de Camus: "Si el mundo fuera claro, el arte no existiría". Otra de Aristóteles: "La finalidad del arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no el copiar su apariencia". Y una referencia al fascinante, insólito librito de Henry Miller sobre la poesía partiendo de Rimbaud, del que ya he hablado en el blog de libros con aliento: 

Para H. Miller la poesía no es cuestión de erudición sino de sensibilidad. Este es un librito de apasionada defensa de la poesía, como la auténtica actitud revolucionaria, que sorprenderá a los que sólo hayan leído sus trópicos, porque desborda espiritualidad, romanticismo, arrebato, aunque para mí ambas facetas se complementan como parte de su alma dionisíaca. 
Y esto es lo que se me ha ocurrido, no se sabe para qué, a partir del documental sobre las conversaciones Truffaut-Hitchcock, que me ha encantado.

sábado, 27 de febrero de 2016

8 películas con toque

Todas ellas interesantes, con momentos que rozan lo memorable, por eso las recomiendo, aunque echando de menos ese algo que las convierte, para mí, en irrepetibles. Pero recuerdo que yo no pretendo hacer críticas, tampoco pretendo acercarme a lo objetivo, sólo escribo reseñas, sólo mis impresiones personales (por eso me interesan tanto las de los demás), esa huella única que deja en cada persona una visión diferente de lo que sea. Y advierto esto, tan obvio, porque hay gente que sí aprecia niveles considerables de calidad en estas 8 pelis. Yo no tanto, pero me han gustado bastante.

Por orden alfabético: 
Carol de Todd Haynes / 45 años de Andrew Haigh / La juventud de Paolo Sorrentino / Mia madre de Nanni Moretti / El puente de los espías de Spielberg / Spotlight de Tom McCarthy / Sufragistas de Sarah Gavron / Truman de Cesc Gay.

Carol
De Todd Haynes me quedo con su peli 'I'm not there', tan laberíntica como el propio Dylan y sus diferentes facetas. En ella Cate Blanchett interpretaba a la faceta eléctrica de Dylan y se ganó merecidamente un oscar ese año. En 'Carol' volvió a transmitirme tantos matices por segundo que vuelve crónica mi admiración por esta actriz. Pero no se queda atrás su pareja, Rooney Mara, en esta historia tan sutil, tan atmosférica, que transmite las sensaciones imparables de enamorarse de alguien, cuando todo se vuelve escurridizo, intenso, leve, brumoso, hondo, irreversible... Y así son muchas de las imágenes para plasmarlo, como ciertas miradas y los reflejos de reflejos a través de las ventanillas de un coche.

45 años
Y hablando de miradas, la de Charlotte Rampling siempre fue de las que calan. Ella protagoniza '45 años', la historia de un derrumbe personal cuyo detonador es una carta que llega, pero no lo provoca en realidad ese hecho sino la manera de vivirlo. Un matrimonio basado en una apuesta ilusoria, sin culpables. La melancolía tiñendo delicadamente el pasado, hasta convertirlo en rabiosa frustración. Si fuera música, esta peli sería un tema de jazz a contrapelo. 

Creo que sin la presencia inmensa de Michael Caine y Harvey Keitel, 'La juventud' se desinflaría. El primero vive su vejez sin ilusión, sin amargura, sin intenciones, centrado en lo cotidiano con una sobriedad que le lleva a rechazar la petición de la reina, para que vuelva a dirigir un concierto, porque no le
La juventud
apetece. A esas alturas de la vida lo natural es, por fin, expresarse. También quiere expresarse Harvey Keitel, pero dirigiendo su última película, esto es, creativamente. Él vive su vejez como una última etapa de duración desconocida, sabiendo la diferencia entre vivir y sobrevivir, y actuando en consecuencia. Y si digo esto no es por hablar de la trama, sino porque ambos actores lo transmiten con un melancolía, más o menos desesperada. Como uno de ellos le recuerda al otro: los sentimientos son la clave.

De 'Mia madre' me gustó la fractura en dos partes de la vida de su protagonista. Por un lado directora de cine en pleno rodaje y por otro las visitas a su madre, que se está muriendo lentamente en el hospital. Historia sobre lo
Mia madre
pasajero que pervive y la permanencia de lo fugaz. Cuando aparentemente es lo mismo, pero no. Y me encantó la presencia del gran actor John Turturro, como un actor americano que se suma al rodaje de la peli, cuestionándola por el simple hecho de ser él mismo: insoportable, chiflado, encantador, torpe.

En 'El puente de los espías' me atrapó la fluidez, casi mágica, de la historia de ese abogado (que existió en realidad) que defiende en serio a un espía ruso detenido, a quien todos quieren ver muerto, exigiendo pruebas y echando por tierra otras, (y no sólo para quedar bien legalmente como le piden el juez y el fiscal). Aparte de que la opinión pública le detesta, hay quien llega a disparar a
El puente de los espías
través de la ventanas de su casa. Y ese tema de no poder actuar más que de la forma que se actúa, pase lo que pase, que suele traer problemas, siempre me fascinó porque la gente que lo hace suele ser incomprendida o malinterpretada por muchos. En este caso también es jodido ser un bicho raro. Y me encanta el espía ruso (que también existió) con su pinta de hombrecillo inofensivo, que vivió durante más de diez años infiltrado en Estados Unidos. 

En 'Spotlight' está Mark Ruffalo (me encanta ese actor) y además rescata la historia de una investigación periodística, eso que espero que nunca desaparezca, a pesar del declive de los medios de comunicación, cada vez más rápidos, aunque eso implique ser un mal periodista que no contraste fuentes ni noticias, y menos profundos. En este caso la investigación sobre los
Spotlight
abusos de la iglesia católica a niños, que se llevó el premio pulitzer 2003. Pero a la forma de contar la historia le falta algo de mordiente, de emoción, a pesar de Ruffalo. Y yo recordaba, sin querer, la inolvidable 'todos los hombres del presidente' de Pakula con los maravillosos Dustin Hoffman y Robert Redfort.


'Sufragistas' es necesaria, interesante, conmovedora por el tema que trata. Hay gente que no sabe que fueron las primeras mujeres en la Inglaterra de hace 100 años, que lucharon para conseguir el voto femenino (doy fe, alguien me preguntó qué era eso, a la puerta del cine). Pero eché en falta más hondura en la vida personal de sus protagonistas. Precisamente porque todos moriremos y
Sufragistas
dentro de un tiempo nadie nos recordará, me conmueve lo único, intransferible de cada vida humana. Todos somos prescindibles, pero todos somos insustituibles. Lo mejor, la enorme humanidad que transmite la gran actriz Carey Mulligan (a quien descubrí en 'Shame'). Y su papel divulgador, claro, de que sólo hace 100 años, ninguna mujer en todo el planeta existía por sí misma más que como propiedad de su padre, su marido, o su hermano. 


Truman
'Truman' es el nombre del perro de uno de los dos amigos de esta historia agridulce, en circunstancias excepcionales. La forma de vivir implica la forma de morir. Cuando se hace evidente que ayudar a alguien es hacerlo cuando el otro lo pide y dándole, si podemos, lo que pide. Y no lo que consideramos mejor para él. Jodido tema. Entrañable, melancólica historia con dos grandes actores como Javier Cámara y Ricardo Darín. Sobre el lugar cotidiano que a veces logra lo extraordinario, y cómo resolverlo.

     

     




  

martes, 19 de enero de 2016

Bowie y las arañas de Marte

Es decir Ziggy Stardust, uno de mis discos de Bowie junto con 'Héroes'. Además, es con ese disco con el que me lo descubrió un amigo, poniéndome en concreto uno de los temas: 'rock and roll suicide', el último, el que cierra ese disco (con temas famosos como 'Starman' y 'soul love'), y que a su vez termina con un brusco acorde que es uno de los detalles repentinos que salpican su música, plagada de sugerencias, matices, vueltas y revueltas, puertas que se abren y se cierran, cuya originalidad se escurre fuera de la clasificación. Aquí incluyo un vídeo (bastante cutre, por cierto, pero que conserva ese final que me fascina, aunque hay desincronización entre imagen y sonido en ciertos momentos) y por eso lo prefiero a un concierto en vivo, de mayor calidad, en Tokio, en los 90, en el que me emociona su forma de interpretar el tema, pero que no incluye ese acorde final (está también en youtube, basta poner rock and roll suicide live Tokio).



Pero esa es , justamente, una de las características de este músico tan difícil de etiquetar, de voz personal y única, como los mejores, en contraste con tantas y tantas voces clónicas aunque famosas. Reconoces su voz cante lo que cante y aunque encarne seres, facetas, o vete a saber qué, como en ese disco de las arañas de Marte. Es curioso su fascinación por el espacio, y lo entiendo. En mi caso, sentir intensamente la naturaleza terrestre (ríos, animales, mar o plantas) se conecta involuntariamente con el espacio misterioso que acoge a este planeta de apabullante belleza, rabiosa turbulencia, tierno, terrible. Y, por cierto, su hijo Duncan Jones rodó hace unos años una película peculiar y turbadora que me encantó: 'Moon'. 


Sus múltiples facetas me recuerdan a Dylan, me transmiten una necesidad de ser en lugar de parecer, una valiente apuesta por las numerosas caras que aparecen en el espejo cuando nos atrevemos a miramos en él. Incluso la bisexualidad de Bowie siempre me sugirió hondura en lugar de definición, una manera de acoger a personas en lugar de géneros, una conexión con la misteriosa fuente de lo creativo, uno de cuyos afluentes es el río sexual, más allá de identidades sexuales. 

También son peculiares las películas en las que trabajó como actor. Hizo de vampiro en 'El ansia' de Tony Scott, junto a Catherine Deneuve. De rey de los goblins en 'Dentro del laberinto', de Jim Henson. Luego están 'El hombre que cayó a la tierra', su director en el cartel que incluyo, y rodó con Nagisa Oshima 'Feliz navidad Mr. Lawrence'.  


'Dentro del laberinto
'El ansia'
Alguno de sus versos: 
De su último disco, que salió pocos días antes de morir, de la canción 'Lazarus': "Mira aquí arriba, estoy en el cielo/ tengo cicatrices invisibles/ tengo drama, no puedo ser robado/ todos me conocen ahora"
De 'Héroes': "Yo seré el rey y tú serás la reina/ seremos héroes/ un día nada más/ seremos nosotros/ un día nada más". 

'Feliz navidad Mr. Lawrence'

Casado desde hace décadas con alguien también peculiar, la ex modelo y actriz africana Imán (que aparecía en un papel secundario en 'Memorias de África'), me han sorprendido, aunque no demasiado, sus últimas fotos con enorme sonrisa, pocos días antes de morir, en las que parece a punto de empezar una nueva aventura, en este caso la muerte, aunque en los vídeos de su último disco 'Blackstar', grabado con músicos de jazz, aparece el lado inquietante de su situación terminal. Me impresionó lo angustioso del enfermo en la cama, pero conectado a la liberación de levantarse de ella, próximo, inevitable, en el nuevo viaje para el que tiene los ojos cubiertos por las monedas rituales paganas, cerrando los ojos a esta realidad para poder abrirlos a otra diferente, sea la que sea. 

Foto seis días antes de su muerte

Por internet se encuentran teorías sobre sus ojos de diferente color y  debates, entre alguna gente, preguntándose si no sería de verdad extraterrestre. Afortunadamente, siempre ha habido marcianos terrícolas. Bowie, es uno de ellos. 

  





     

sábado, 28 de noviembre de 2015

un corte que no sangra+Taxi Teherán+Yo, él y Raquel

Ese título, 'un corte que no sangra', que apunta a un dolor inquietante, lo oí en la radio, en un programa literario empezado, a través de la voz del autor del poemario, José Luis Gómez Toré, recitando algunos de sus versos. "¡Un poeta!", sentí al escucharlo y al día siguiente lo busqué en una librería, porque un poeta no se cruza en mi camino todos los días, aunque haya un montón de gente que escribe poemas. Lo digo porque a mí me parece obvio, pero a otros no. 



La poesía te acerca, peligrosamente, a ti y al mundo, más allá de sus datos, asombrando, inquietando, revelando, estremeciendo... Suele ir acompañada de vértigo y es lo más alejado de lo tópico y de lo superficial en que se basa lo cursi. Es decir, su flecha se dirige y surge de lo profundo, crea escaleras, fusiona mundos, da la vuelta a los guantes y, como diría Alexandre: "la poesía es conocimiento implacable". O en frase de Hördelin o Hoffman (no recuerdo ahora cuál de los dos): "la poesía es el presentimiento de lo infinito". La poesía tampoco está relacionada con la erudición, sino con la sensibilidad, como diría Henry Miller.

Como muestra del buceo asombroso de este pequeño poemario, cito algunos de sus versos:
"Las palabras que no quieren arder conservan un rescoldo, el riesgo de la llama y la ceniza". "Pero un tacto persiste. / Como rozar de pronto un límite incendiado". "El animal inmóvil/ dicta una pausa al tiempo.". "La vida es la celada en que caemos". 



Este mes también he visto dos interesantes películas que recomiendo. Aunque no lleguen a ser memorables me parecieron especiales y conmovedoras por su humilde encanto triste. Una es 'Taxi Teherán, ganadora del festival de Berlín 2015, de Jafar Panahi, que es también el taxista de la película. con un planteamiento cotidiano nacido de la situación clandestina de su director, a cuyo taxi van subiendo surrealistas personas entrañables, como dos mujeres con un pez rojo en la redonda pecera, que necesitan llegar a un manantial antes de las 12 del mediodía para no morir. Así lo dicta su temerosa superstición de la que no llegamos a conocer los motivos. 

El enano "camello" de cine

O un enano que vende clandestinamente los vídeos de las pelis occidentales prohibidas en Irán, a modo de camello del cine. O la abogada que visita a familiares de presos políticos, por lo que ha sido expulsada del ejercicio de su profesión, de manera similar al director taxista, salido de la cárcel en el 2010 con la prohibición de volver a rodar, salir del país, o comentar públicamente sus películas. 



Lo más conmovedor, incluso a veces desconcertante, es su serena sonrisa al volante, marcando la diferencia entre resignación y aceptación. Y sentí una inmensa melancolía ante su sobrina, una niña de unos diez años, que recoge a la salida del cole, ya con su pañuelo islámico y sus brazos cubiertos con correcta manga larga, que no se separa de su cámara de vídeo, charlando con naturalidad con su tío sobre las directrices dadas por su profesora para el vídeo que tienen que hacer en clase: velo islámico, los buenos llevarán barba, los malos llevarán corbata y la necesidad de distinguir entre cosas terribles y reales. Este último punto la niña no lo entiende. Yo tampoco.

Algunas de las versiones caseras de los chavales
de pelis míticas
Parecido aire de inocencia reivindicada, algo muy distinto de la ingenuidad (sí, hay que hilar fino...) está también presente en la película premiada en Sundance 'Yo, él y Raquel', de Alfonso Gómez Rejón. Por un lado, los entrañables chavales del instituto protagonistas, que hacen curiosas revisiones caseras, a modo de personales homenajes artesanales, de películas míticas, (por ejemplo 'Apocalypse now', 'los 400 golpes'...), interpretando ellos mismos a los personajes y añadiendo partes animadas. 


Por otro lado traban amistad con otra chica del instituto que tiene cáncer (el título auténtico de la peli es 'Yo, Earl y la chica moribunda') y comienza una historia de acercamiento cotidiano con la muerte que tiñe de melancolía a contrapelo cualquier detalle, incluso la cara de un gato. A contrapelo porque los tres comen helados en la calle sin decir que sólo existe el presente, pero viviéndolo de manera inevitable. Porque lo único firme que tienen es su torpe sinceridad, sus incómodos buenos deseos que no pegan con la ironía adolescente, su inútil necesidad de comprender la vida. 

Esa manera de trasmitir sensaciones sin mencionarlas, salvo en un par de momentos, me recordó a ciertas pelis de Rhomer tan jóvenes, tan cotidianas, tan perplejas... Ninguna de estas dos pelis es una comedia, ni tampoco un drama. Me parece que son historias en el filo sin darle importancia, ni siquiera con el recurso de poderlas etiquetar. Es más, poniendo en evidencia que eso no es necesario.         

jueves, 15 de octubre de 2015

'Lejos de los hombres' de David Oelhoffen

Esta película atípica está basada en un relato del atípico Camus: 'El huésped', con toda la carga humana de su visión libre, especialmente incómoda en épocas de marcadas confrontaciones, ya sean políticas o religiosas (en este caso la guerra de Argelia). Un profesor (Viggo Mortensen) da clases a niños argelinos en una escuela perdida, rodeada de montañas, lejos de todo. Allí recibe el encargo de conducir a un árabe, que ha matado a un hombre, hasta una ciudad cercana, aunque también lejana. Él se siente ajeno a esa orden, a ese cometido, pero acabará aceptando por motivos personales, para ayudar a ese hombre al que persiguen sus primos para matarlo, cuando él mismo le pide que le lleve a esa ciudad. También se entera de que van a cerrar su escuela, porque no hay en ella niños franceses, y la guerra impone separar a la humanidad en amigos y enemigos. Una de las peores consecuencias de cualquier guerra, aunque en épocas de paz también funcione esa tendencia bajo la forma de prejuicios. 

Y, sin embargo, esta película no es una película bélica, ni tampoco un western, sino la dimensión poética que supone todo recorrido íntimo. Cuanto más profundo es el camino más se tropieza con la integridad, el espejo que no admite máscaras, descubriendo que el único compromiso posible es con uno mismo. No existe objetividad en las guerras, tan sólo en apariencia, puesto que quienes las actúan y sienten son seres humanos y la misma circunstancia es vivida de manera distinta por cada persona. 


En esta fascinante película viajera se refleja esa condición, de no encajar en parte alguna, de manera tan sobria que me recordó el recorrido mágico de 'Jauja' (otra curiosa película protagonizada por Viggo Mortesen). A su atmósfera poderosa se añade la música de Nick Cave con todo el misterio de la sombra, el polvo, las ruinas abandonadas, el cielo abalanzándose sobre las colinas rocosas, lo fácil que puede ser matar y lo difícil que es vivir de verdad. 

Historia sobre el instante, el camino, la respiración... Como la que acompaña a la impresionante mirada de Viggo Mortensen al abrazar tímidamente a una mujer. Historia sobre los límites personales y lo infinito de un recorrido a través de los áridos paisajes argelinos. Esos recorridos que no sólo son externos. Nunca lo son.