sábado, 27 de febrero de 2016

8 películas con toque


Por Tesa Vigal

Todas ellas interesantes, con momentos que rozan lo memorable, por eso las recomiendo, aunque echando de menos ese algo que las convierte, para mí, en irrepetibles. Pero recuerdo que yo no pretendo hacer críticas, tampoco pretendo acercarme a lo objetivo, sólo escribo reseñas, sólo mis impresiones personales (por eso me interesan tanto las de los demás), esa huella única que deja en cada persona una visión diferente de lo que sea. Y advierto esto, tan obvio, porque hay gente que sí aprecia niveles considerables de calidad en estas 8 pelis. Yo no tanto, pero me han gustado bastante.

Por orden alfabético: 
Carol de Todd Haynes / 45 años de Andrew Haigh / La juventud de Paolo Sorrentino / Mia madre de Nanni Moretti / El puente de los espías de Spielberg / Spotlight de Tom McCarthy / Sufragistas de Sarah Gavron / Truman de Cesc Gay.

Carol
De Todd Haynes me quedo con su peli 'I'm not there', tan laberíntica como el propio Dylan y sus diferentes facetas. En ella Cate Blanchett interpretaba a la faceta eléctrica de Dylan y se ganó merecidamente un oscar ese año. En 'Carol' volvió a transmitirme tantos matices por segundo que vuelve crónica mi admiración por esta actriz. Pero no se queda atrás su pareja, Rooney Mara, en esta historia tan sutil, tan atmosférica, que transmite las sensaciones imparables de enamorarse de alguien, cuando todo se vuelve escurridizo, intenso, leve, brumoso, hondo, irreversible... Y así son muchas de las imágenes para plasmarlo, como ciertas miradas y los reflejos de reflejos a través de las ventanillas de un coche.

45 años
Y hablando de miradas, la de Charlotte Rampling siempre fue de las que calan. Ella protagoniza '45 años', la historia de un derrumbe personal cuyo detonador es una carta que llega, pero no lo provoca en realidad ese hecho sino la manera de vivirlo. Un matrimonio basado en una apuesta ilusoria, sin culpables. La melancolía tiñendo delicadamente el pasado, hasta convertirlo en rabiosa frustración. Si fuera música, esta peli sería un tema de jazz a contrapelo. 

Creo que sin la presencia inmensa de Michael Caine y Harvey Keitel, 'La juventud' se desinflaría. El primero vive su vejez sin ilusión, sin amargura, sin intenciones, centrado en lo cotidiano con una sobriedad que le lleva a rechazar la petición de la reina, para que vuelva a dirigir un concierto, porque no le
La juventud
apetece. A esas alturas de la vida lo natural es, por fin, expresarse. También quiere expresarse Harvey Keitel, pero dirigiendo su última película, esto es, creativamente. Él vive su vejez como una última etapa de duración desconocida, sabiendo la diferencia entre vivir y sobrevivir, y actuando en consecuencia. Y si digo esto no es por hablar de la trama, sino porque ambos actores lo transmiten con un melancolía, más o menos desesperada. Como uno de ellos le recuerda al otro: los sentimientos son la clave.

De 'Mia madre' me gustó la fractura en dos partes de la vida de su protagonista. Por un lado directora de cine en pleno rodaje y por otro las visitas a su madre, que se está muriendo lentamente en el hospital. Historia sobre lo
Mia madre
pasajero que pervive y la permanencia de lo fugaz. Cuando aparentemente es lo mismo, pero no. Y me encantó la presencia del gran actor John Turturro, como un actor americano que se suma al rodaje de la peli, cuestionándola por el simple hecho de ser él mismo: insoportable, chiflado, encantador, torpe.

En 'El puente de los espías' me atrapó la fluidez, casi mágica, de la historia de ese abogado (que existió en realidad) que defiende en serio a un espía ruso detenido, a quien todos quieren ver muerto, exigiendo pruebas y echando por tierra otras, (y no sólo para quedar bien legalmente como le piden el juez y el fiscal). Aparte de que la opinión pública le detesta, hay quien llega a disparar a
El puente de los espías
través de la ventanas de su casa. Y ese tema de no poder actuar más que de la forma que se actúa, pase lo que pase, que suele traer problemas, siempre me fascinó porque la gente que lo hace suele ser incomprendida o malinterpretada por muchos. En este caso también es jodido ser un bicho raro. Y me encanta el espía ruso (que también existió) con su pinta de hombrecillo inofensivo, que vivió durante más de diez años infiltrado en Estados Unidos. 

En 'Spotlight' está Mark Ruffalo (me encanta ese actor) y además rescata la historia de una investigación periodística, eso que espero que nunca desaparezca, a pesar del declive de los medios de comunicación, cada vez más rápidos, aunque eso implique ser un mal periodista que no contraste fuentes ni noticias, y menos profundos. En este caso la investigación sobre los
Spotlight
abusos de la iglesia católica a niños, que se llevó el premio pulitzer 2003. Pero a la forma de contar la historia le falta algo de mordiente, de emoción, a pesar de Ruffalo. Y yo recordaba, sin querer, la inolvidable 'todos los hombres del presidente' de Pakula con los maravillosos Dustin Hoffman y Robert Redfort.


'Sufragistas' es necesaria, interesante, conmovedora por el tema que trata. Hay gente que no sabe que fueron las primeras mujeres en la Inglaterra de hace 100 años, que lucharon para conseguir el voto femenino (doy fe, alguien me preguntó qué era eso, a la puerta del cine). Pero eché en falta más hondura en la vida personal de sus protagonistas. Precisamente porque todos moriremos y
Sufragistas
dentro de un tiempo nadie nos recordará, me conmueve lo único, intransferible de cada vida humana. Todos somos prescindibles, pero todos somos insustituibles. Lo mejor, la enorme humanidad que transmite la gran actriz Carey Mulligan (a quien descubrí en 'Shame'). Y su papel divulgador, claro, de que sólo hace 100 años, ninguna mujer en todo el planeta existía por sí misma más que como propiedad de su padre, su marido, o su hermano. 



Truman
'Truman' es el nombre del perro de uno de los dos amigos de esta historia agridulce, en circunstancias excepcionales. La forma de vivir implica la forma de morir. Cuando se hace evidente que ayudar a alguien es hacerlo cuando el otro lo pide y dándole, si podemos, lo que pide. Y no lo que consideramos mejor para él. Jodido tema. Entrañable, melancólica historia con dos grandes actores como Javier Cámara y Ricardo Darín. Sobre el lugar cotidiano que a veces logra lo extraordinario, y cómo resolverlo.

     

     




  

martes, 19 de enero de 2016

Bowie y las arañas de Marte


Por Tesa Vigal

Es decir Ziggy Stardust, uno de mis discos de Bowie junto con 'Héroes'. Además, es con ese disco con el que me lo descubrió un amigo, poniéndome en concreto uno de los temas: 'rock and roll suicide', el último, el que cierra ese disco (con temas famosos como 'Starman' y 'soul love'), y que a su vez termina con un brusco acorde que es uno de los detalles repentinos que salpican su música, plagada de sugerencias, matices, vueltas y revueltas, puertas que se abren y se cierran, cuya originalidad se escurre fuera de la clasificación. Aquí rock and roll suicide en directo. 





Este músico tan difícil de etiquetar, de voz personal y única, como los mejores, en contraste con tantas y tantas voces clónicas. Reconoces su voz cante lo que cante y aunque encarne seres, facetas, o vete a saber qué, como en ese disco de las arañas de Marte. Es curioso su fascinación por el espacio, y lo entiendo. En mi caso, sentir intensamente la naturaleza terrestre (ríos, animales, mar o plantas) se conecta involuntariamente con el espacio misterioso que acoge a este planeta de apabullante belleza, rabiosa turbulencia, tierno, terrible. Y, por cierto, su hijo Duncan Jones rodó hace unos años una película peculiar y turbadora que me encantó: 'Moon'. 


Sus múltiples facetas me recuerdan a Dylan, me transmiten una necesidad de ser en lugar de parecer, una valiente apuesta por las numerosas caras que aparecen en el espejo cuando nos atrevemos a miramos en él. Incluso la bisexualidad de Bowie siempre me sugirió hondura en lugar de definición, una manera de acoger a personas en lugar de géneros, una conexión con la misteriosa fuente de lo creativo, uno de cuyos afluentes es el río sexual, más allá de identidades sexuales. 

También son peculiares las películas en las que trabajó como actor. Hizo de vampiro en 'El ansia' de Tony Scott, junto a Catherine Deneuve. De rey de los goblins en 'Dentro del laberinto', de Jim Henson. Luego están 'El hombre que cayó a la tierra', su director en el cartel que incluyo, y rodó con Nagisa Oshima 'Feliz navidad Mr. Lawrence'.  


'Dentro del laberinto
'El ansia'
Alguno de sus versos: 
De su último disco, que salió pocos días antes de morir, de la canción 'Lazarus': "Mira aquí arriba, estoy en el cielo/ tengo cicatrices invisibles/ tengo drama, no puedo ser robado/ todos me conocen ahora"
De 'Héroes': "Yo seré el rey y tú serás la reina/ seremos héroes/ un día nada más/ seremos nosotros/ un día nada más". 

'Feliz navidad Mr. Lawrence'

Casado desde hace décadas con alguien también peculiar, la ex modelo y actriz africana Imán (que aparecía en un papel secundario en 'Memorias de África'), me han sorprendido, aunque no demasiado, sus últimas fotos con enorme sonrisa, pocos días antes de morir, en las que parece a punto de empezar una nueva aventura, en este caso la muerte, aunque en los vídeos de su último disco 'Blackstar', grabado con músicos de jazz, aparece el lado inquietante de su situación terminal. Me impresionó lo angustioso del enfermo en la cama, pero conectado a la liberación de levantarse de ella, próximo, inevitable, en el nuevo viaje para el que tiene los ojos cubiertos por las monedas rituales paganas, cerrando los ojos a esta realidad para poder abrirlos a otra diferente, sea la que sea. 

Foto seis días antes de su muerte

Por internet se encuentran teorías sobre sus ojos de diferente color y  debates, entre alguna gente, preguntándose si no sería de verdad extraterrestre. Afortunadamente, siempre ha habido marcianos terrícolas. Bowie, es uno de ellos. 

  





     

sábado, 28 de noviembre de 2015

un corte que no sangra+Taxi Teherán+Yo, él y Raquel


Por Tesa Vigal

Ese título, 'un corte que no sangra', que apunta a un dolor inquietante, lo oí en la radio, en un programa literario empezado, a través de la voz del autor del poemario, José Luis Gómez Toré, recitando algunos de sus versos. "¡Un poeta!", sentí al escucharlo y al día siguiente lo busqué en una librería, porque un poeta no se cruza en mi camino todos los días, aunque haya un montón de gente que escribe poemas. Lo digo porque a mí me parece obvio, pero a otros no. 



La poesía te acerca, peligrosamente, a ti y al mundo, más allá de sus datos, asombrando, inquietando, revelando, estremeciendo... Suele ir acompañada de vértigo y es lo más alejado de lo tópico y de lo superficial en que se basa lo cursi. Es decir, su flecha se dirige y surge de lo profundo, crea escaleras, fusiona mundos, da la vuelta a los guantes y, como diría Alexandre: "la poesía es conocimiento implacable". O en frase de Hördelin o Hoffman (no recuerdo ahora cuál de los dos): "la poesía es el presentimiento de lo infinito". La poesía tampoco está relacionada con la erudición, sino con la sensibilidad, como diría Henry Miller.

Como muestra del buceo asombroso de este pequeño poemario, cito algunos de sus versos:
"Las palabras que no quieren arder conservan un rescoldo, el riesgo de la llama y la ceniza". "Pero un tacto persiste. / Como rozar de pronto un límite incendiado". "El animal inmóvil/ dicta una pausa al tiempo.". "La vida es la celada en que caemos". 



Este mes también he visto dos interesantes películas que recomiendo. Aunque no lleguen a ser memorables me parecieron especiales y conmovedoras por su humilde encanto triste. Una es 'Taxi Teherán, ganadora del festival de Berlín 2015, de Jafar Panahi, que es también el taxista de la película. con un planteamiento cotidiano nacido de la situación clandestina de su director, a cuyo taxi van subiendo surrealistas personas entrañables, como dos mujeres con un pez rojo en la redonda pecera, que necesitan llegar a un manantial antes de las 12 del mediodía para no morir. Así lo dicta su temerosa superstición de la que no llegamos a conocer los motivos. 

El enano "camello" de cine

O un enano que vende clandestinamente los vídeos de las pelis occidentales prohibidas en Irán, a modo de camello del cine. O la abogada que visita a familiares de presos políticos, por lo que ha sido expulsada del ejercicio de su profesión, de manera similar al director taxista, salido de la cárcel en el 2010 con la prohibición de volver a rodar, salir del país, o comentar públicamente sus películas. 



Lo más conmovedor, incluso a veces desconcertante, es su serena sonrisa al volante, marcando la diferencia entre resignación y aceptación. Y sentí una inmensa melancolía ante su sobrina, una niña de unos diez años, que recoge a la salida del cole, ya con su pañuelo islámico y sus brazos cubiertos con correcta manga larga, que no se separa de su cámara de vídeo, charlando con naturalidad con su tío sobre las directrices dadas por su profesora para el vídeo que tienen que hacer en clase: velo islámico, los buenos llevarán barba, los malos llevarán corbata y la necesidad de distinguir entre cosas terribles y reales. Este último punto la niña no lo entiende. Yo tampoco.

Algunas de las versiones caseras de los chavales
de pelis míticas
Parecido aire de inocencia reivindicada, algo muy distinto de la ingenuidad (sí, hay que hilar fino...) está también presente en la película premiada en Sundance 'Yo, él y Raquel', de Alfonso Gómez Rejón. Por un lado, los entrañables chavales del instituto protagonistas, que hacen curiosas revisiones caseras, a modo de personales homenajes artesanales, de películas míticas, (por ejemplo 'Apocalypse now', 'los 400 golpes'...), interpretando ellos mismos a los personajes y añadiendo partes animadas. 


Por otro lado traban amistad con otra chica del instituto que tiene cáncer (el título auténtico de la peli es 'Yo, Earl y la chica moribunda') y comienza una historia de acercamiento cotidiano con la muerte que tiñe de melancolía a contrapelo cualquier detalle, incluso la cara de un gato. A contrapelo porque los tres comen helados en la calle sin decir que sólo existe el presente, pero viviéndolo de manera inevitable. Porque lo único firme que tienen es su torpe sinceridad, sus incómodos buenos deseos que no pegan con la ironía adolescente, su inútil necesidad de comprender la vida. 

Esa manera de trasmitir sensaciones sin mencionarlas, salvo en un par de momentos, me recordó a ciertas pelis de Rhomer tan jóvenes, tan cotidianas, tan perplejas... Ninguna de estas dos pelis es una comedia, ni tampoco un drama. Me parece que son historias en el filo sin darle importancia, ni siquiera con el recurso de poderlas etiquetar. Es más, poniendo en evidencia que eso no es necesario.         

jueves, 15 de octubre de 2015

'Lejos de los hombres' de David Oelhoffen


Por Tesa Vigal

Esta película atípica está basada en un relato del atípico Camus: 'El huésped', con toda la carga humana de su visión libre, especialmente incómoda en épocas de marcadas confrontaciones, ya sean políticas o religiosas (en este caso la guerra de Argelia). Un profesor (Viggo Mortensen) da clases a niños argelinos en una escuela perdida, rodeada de montañas, lejos de todo. Allí recibe el encargo de conducir a un árabe, que ha matado a un hombre, hasta una ciudad cercana, aunque también lejana. Él se siente ajeno a esa orden, a ese cometido, pero acabará aceptando por motivos personales, para ayudar a ese hombre al que persiguen sus primos para matarlo, cuando él mismo le pide que le lleve a esa ciudad. También se entera de que van a cerrar su escuela, porque no hay en ella niños franceses, y la guerra impone separar a la humanidad en amigos y enemigos. Una de las peores consecuencias de cualquier guerra, aunque en épocas de paz también funcione esa tendencia bajo la forma de prejuicios. 

Y, sin embargo, esta película no es una película bélica, ni tampoco un western, sino la dimensión poética que supone todo recorrido íntimo. Cuanto más profundo es el camino más se tropieza con la integridad, el espejo que no admite máscaras, descubriendo que el único compromiso posible es con uno mismo. No existe objetividad en las guerras, tan sólo en apariencia, puesto que quienes las actúan y sienten son seres humanos y la misma circunstancia es vivida de manera distinta por cada persona. 


En esta fascinante película viajera se refleja esa condición, de no encajar en parte alguna, de manera tan sobria que me recordó el recorrido mágico de 'Jauja' (otra curiosa película protagonizada por Viggo Mortesen). A su atmósfera poderosa se añade la música de Nick Cave con todo el misterio de la sombra, el polvo, las ruinas abandonadas, el cielo abalanzándose sobre las colinas rocosas, lo fácil que puede ser matar y lo difícil que es vivir de verdad. 

Historia sobre el instante, el camino, la respiración... Como la que acompaña a la impresionante mirada de Viggo Mortensen al abrazar tímidamente a una mujer. Historia sobre los límites personales y lo infinito de un recorrido a través de los áridos paisajes argelinos. Esos recorridos que no sólo son externos. Nunca lo son.

martes, 15 de septiembre de 2015

'Canciones de amor a quemarropa' de Nickolas Butler


Por Tesa Vigal

Otro descubrimiento en los libros del asteroide. Esta vez a través de la recomendación de una conocida, sumado a la curiosidad que me producía el título. No sólo es el del libro, sino el del primer disco que compone uno de los protagonistas de la historia. Una historia que me emocionó especialmente porque habla de la amistad. Eso tan escaso, que muchos confunden con conocidos, y que yo echo tanto de menos. Cariño, apoyo, confianza, libertad, lealtad, complicidad, incluso más allá de divergencias de ideas. Con un amigo se puede pensar en voz alta. Se puede estar en silencio sin que resulte incómodo. Se comparten por igual nuestras debilidades y nuestra fortaleza, nuestras manías, sueños, contradicciones. En una amistad no hay intenciones. No se trata de parecer sino de ser. Y aunque alguna vez los caminos se separen, esa conexión tan íntima permanece en nuestra memoria como un faro, melancólico o esperanzador. Pero brillante. 



Lo maravilloso de 'canciones de amor a quemarropa' es que logra transmitir esa atmósfera de calidez inimitable y aún en los desencuentros, aparentes traiciones, rivalidades o malentendidos, sigue latiendo es conexión con los otros tan personal como insustituible. Si existe un hogar, es allí donde anida la amistad auténtica. Donde puede haber conflictos, pero nunca soledad en compañía. Y esa sensación de hogar (a veces, por desgracia, opuesta a la familia) me resultó conmovedora y envidiable. 

Los amigos del músico no tienen nada de particular, salvo uno de ellos al que todos cuidan tras un accidente provocado por su alcoholismo, que lo convierte en todo un personaje inocente, conmovedor, misterioso a su manera, con una sinceridad desarmante que jamás duda de sus amigos, aunque tenga motivos. La historia está contada, alternativamente, por la voz en primera persona de cada uno de los amigos, pero yo diría que el protagonista es la atmósfera donde todos respiran ese contacto sutil que les enlaza, desde lejos, o a través de un rato compartiendo unas cervezas. Dos de ellos, Henry y Beth, se han casado y tienen dos niños, y su casa suele ser el punto de referencia más firme porque optaron por ser granjeros y quedarse en el pueblecito. Sin embargo, en ellos también está todo un pasado de relaciones afectivas, a veces secretas, a veces sencillas, obvias, o intrincadas. Y la propia amistad acoge toda esa red, incluso a pesar de ellos mismos. 

La valentía en los afectos siempre es profunda. Y lo auténtico de esta historia me desarmó. Como ejemplo este párrafo: 
"-No me dejes solo ¿vale?
Entonces Henry me dio un abrazo y yo me puse a llorar, pero él me apretó tanto que cualquiera habría dicho que quería romperme las costillas (...) Entendí que era más fuerte que yo, mejor que yo.
Nos quedamos al lado del arroyo pasándonos un porro y contemplando cómo el agua se llevaba las hojas hacia el Misisipí. Hacía mucho que no fumaba y me subió rapidísimo, las palabras salían de mi boca como notas musicales que podía ver y tocar: ante mis ojos, las letras de cada palabra, como en una pancarta, se alejaban flotando". 

En este mes también he ido al cine y me han gustado algunas pelis, sin ser memorables ('Bernie' de Linklater, original, turbadora y 'Cut Bank' de Matt Shakman, con John Malkovich rozando lo entrañable). 

Bernie explicando cómo se prepara a un muerto
 antes de meterlo en el ataúd

Cut Bank
También fui con un grupo de gente a ver 'Casablanca', al Bellas artes. Había una chica, muy joven, cuya cara perpleja me hizo preguntarle su opinión a la salida, pero la gente del grupo eligiendo lugar para tomar una cerveza cortó el tema. Sólo me enteré de que había ido por casualidad, para ella esa peli no era famosa, y solía ver cine de acción. Eso explicaba su cara de perplejidad. Ante mi pregunta "¿te ha gustado?", respondió "no sé, no me esperaba esto... tan extremo". Me quedé sin saber a qué se refería con "extremo", 


pero me hubiera encantado saberlo. Y su visión, carente de prejuicios hubiera sido interesantísimo escucharla, pero en la mesa larga del bar acabé sentada en otro extremo. En fin, un curioso motivo para mencionar esa peli, con la que volví a flipar.


       

miércoles, 12 de agosto de 2015

'Más extraño que la ficción' de Marc Foster y 'Lennon recuerda' (dedicado a la revista 'Mandrágora y el Pirata')


Por Tesa Vigal

He seguido frecuentando el café Comercial, aunque al enterarme de que lo cerraban he recordado el tiempo más especial que viví en él. Además de los motivos de los que ya han hablado muchos (uno de los cafés más antiguos y preciosos de Madrid, lugar de tertulias y actos culturales varios, etc), a principios de los 80 recorrí todas sus mesas varios días a la semana, para vender la revista 'Mandrágora y el Pirata' que hacía con unos amigos.
Portada del nº 6 de Mandrágora y el Pirata
Por amor al arte, porque el dinero que sacábamos (turnándonos por zonas) era para pagar un plazo a la imprenta. Aquel proyecto fue una locura maravillosa, una época febril, en la que volqué en textos apasionados mi fascinación por el arte. El arte como explorador de la esencia de la vida, transformador de las personas casi siempre de forma sutil, aunque a veces puede ser un ramalazo, una revelación. Siempre me atrapó el misterio de lo creativo, de dónde surge y para qué. Seguramente para aprender a vivir, igual que el juego de los niños, por eso tiene una base lúdica. Invocando mundos, historias vivas con las que ver desde fuera la nuestra, evitar errores, o descubrir soluciones, tesoros, mapas, soñar, o nadar... 



Época inmersa en la apabullante sensación de sentidos, significados, hasta que acabé quemada por tener que ocuparme también de la parte práctica del asunto. Convencer a alguien de algo, vender mi trabajo, no es lo mío. Así que al cabo de dos años dejé la revista para no tener que seguir vendiéndola. En fin, una de mis limitaciones. Lo de Mandrágora venía por una rara novela de principios del siglo XX, llamada así (hablaré de ella en el blog de libros con aliento, en alguna entrada futura). Por eso fue una sorpresa descubrir que existía un bar llamado así (siempre me he quedado con las ganas de saber si ellos también habían puesto el nombre por la inquietante novela). El caso es que vendiéndola por los bares nos pasaron cosas curiosas, una de ellas le pasó a uno de los amigos del equipo de la revista. Esa noche él la vendía en el café Comercial, cuando el café fue atacado por unos ultras (en aquella época de la transición el café era para ellos un nido de progres). Rompieron los cristales y un gran pedazo afilado pasó volando junto a la cabeza de mi amigo. 

Café Comercial tras el cierre

Tras recordar todo esto, junto con algunos episodios íntimos, asocié también títulos de pelis, libros y música (por ejemplo 'Rock and roll suicide' de Bowie, o 'series of dream' de Dylan que son parte de la música de fondo de este texto). Entre otras cosas me quedo con dos curiosidades. Una es una peli del 2007, y la otra un librito editado en los 70.

La película 'Más extraño que la ficción' de Marc Foster tiene un especial encanto escurridizo, ambivalente, con una larga sugerencia que se despliega en preguntas, y preguntas dentro de cada pregunta. Y al ser una comedia todas se aceptan y acaban formando un juego de espejos que permite mirar y mirarte, sin asustarse. Al fin y al cabo, es un juego fantástico sin importancia. ¿O no? 

Un hombre atrapado de manera obsesiva en su vida cotidiana (Will Ferrell), empieza a oír, un día ante el espejo, una voz femenina que relata lo que está haciendo en ese momento. Lavándose los dientes contando las veces exactas que pasa el cepillo. Ni una más, ni una menos. A partir de entonces se ve desde fuera, (me recuerda al observador que contempla nuestros pensamientos en la meditación), asustado va al psiquiatra que le habla de una posible esquizofrenia, pero un día escucha esa misma voz en la tele. Es la voz de una escritora (Emma Thompson) y esa escritora está escribiendo la historia de ese hombre obsesivo y atrapado: él, quien la ve en la pantalla asombrado, perplejo, turbado. Tanto que acude a un profesor universitario de literatura (Dustin Hoffman), que resulta ser un admirador de la escritora. Escucha con naturalidad muy creativa la historia que le cuenta aquel hombre y le advierte que en todas las obras de esa escritora el protagonista acaba de mala manera, muriendo más pronto que tarde. 


El hombre, trastornado por todo lo que sucede y no entenderlo, empieza a cambiar de vida porque, al fin y al cabo, ya no puede tomarse en serio sus manías ni sus rutinas. Acaba enamorándose de una chica rebelde (Maggie Gyllenhaall) y conociendo a "su autora", que se asusta tanto como él de que su personaje exista realmente. Así que ¿la ficción se puede materializar? ¿cuándo y por qué? ¿somos el personaje que vivimos? ¿quién lo escribe y para qué? ¿son igual de reales el mundo cotidiano y el mundo de ficción? ¿el sueño y la vigilia? ¿nos acabamos encontrando con personas que reflejan algo pendiente de nosotros mismos y que rechazamos? ¿el destino existe y es lo que somos? ¿o al revés? y todo a partir de una peli divertida, pequeña en apariencia y muy original.

El librito, titulado 'Lennon recuerda' es una entrevista para la revista Rolling Stone, en los 70, por su fundador Jann Wenner. A uno de los amigos del equipo de la revista 'Mandrágora y el Pirata' le gustaría. A Yuri Silver (su seudónimo, todos usábamos uno como una prolongación lúdica. Yo me puse Duncan por la bailarina Isadora y el amigo del cristal era Francis Drake). El librito es también original, a ratos muy interesante, por momentos divertido, o directamente desconcierta, o alucina. Aunque reconozco que la mayor parte está indicada para músicos por la concrección técnica en que a veces habla del tema, o para interesados especialmente en los Beatles o John Lennon. Aún así tiene joyas sugerentes, como el párrafo delirante en el que cuenta la primera vez que se tomó un ácido, por cortesía de un dentista a los miembros de los Beatles. Salieron a la calle y no sabían lo que pasaba: Era horripilante pero fantástico. Hice algunos dibujos (...) y luego la casa de George parecía un submarino. Lo conducía yo. Todos se fueron a la cama. Yo seguí, parecía flotar por encima de las paredes, que eran diez pies de altas".


Sobre si le gustaría volver atrás, a la época de los Beatles: "Me gustaría ser pescador. Ya sé que suena tonto y que preferiría ser rico a ser pobre y todas esas mierdas, pero el dolor (...) los tontos son los que mejor se lo pasan, o algo así. Si no lo ves, no te duele".

Sobre lo que le gusta: "A mí, tío, lo que me gusta es el rock and roll".

Sobre su repercusión: "Hay un señor en Inglaterra que se llama William Mann (...) hablaba de cadencias eólicas y otros términos musicales por el estilo y, a pesar de que no eran más que estupideces, nos introdujo a los intelectuales" (...) Intelectualismo y lo de la habilidad musical, eso es la mierda de los conservatorios, no son capaces de hacer música sin tener delante una partitura, no tiene nada que ver con la música (...) al rock le pasa como al jazz, me parece, los incompetentes van hacia el perfeccionismo y los otros en otra dirección".

Sobre un libro sobre los Beatles de Hunter Davies: "Era mierda pura (...) las giras de los Beatles eran como 'el Satiricón' de Fellini (...) estas cosas y los hijos de puta que éramos se omiten".

"Escribo canciones porque es el trabajo que he elegido y además, porque no puedo evitar escribirlas (...) sí, crear es un resultado del dolor".
Dibujos Lennon

Frase curiosa vista en retrospectiva, casi parece profética de su asesinato: "Estoy harto de todos esos hippies agresivos, o lo que sean (...) Muy quedados conmigo (...) como si les debiera algo (...) me dan miedo". 

Sobre las leyendas urbanas de mensajes escondidos: "Sí, me hacía gracia que se hubiera armado tanto jaleo (...) todo eso de tócalo hacia tras mientras haces el pino, etc". 

Para acabar una frase sobre el movimiento contracultural: "Fue una simple ojeada a todas las posibilidades".







   

jueves, 16 de julio de 2015

'Las diez mil cosas' de Maria Dermoût y el disco 'sacred espirit' de cantos y danzas de los indios americanos


Por Tesa Vigal

'Las diez mil cosas' es un libro único, escrito a los sesenta años por su autora holandesa, Maria Dermoût, que nació en las islas Molucas y allí vivió muchos años. El escritor Hans Konig, que escribe el prólogo, dice de él que es un libro animista. Estoy de acuerdo, a pesar de sentir la misma contradicción que su protagonista, quien siente el espíritu que anima todo lo existente, aunque por otro lado le da miedo sentirlo. Me la imagino poniéndose a escribirlo porque necesitaba dejar constancia, atestiguar aquella etapa de su vida porque sigue desbordando lo cotidiano, a pesar del tiempo transcurrido. Algo excesivo. Supongo que, en comparación, sus últimos años en Holanda debían parecerle pálidos, insípidos, pequeños. Quizás por eso no escribió el libro ni como holandesa (su familia tuvo una antigua plantación de especias, ya abandonada en los años de principios del siglo XX en que transcurre la historia), ni como nativa, sino como ser humano tocado por el misterioso poder del viento, sensible a todo ser vivo. Por eso dice de ella Koning: "El suyo era un desdén, cercano a la compasión, hacia las líneas divisorias, los odios y los miedos". 



También comparto la impresión de Pilar Adón (esa fascinante escritora actual) de que transmite una salvaje melancolía. Salvajes, es decir puros, los cangrejos, el mar, las medusas, los árboles centinelas, las perlas (lágrimas del mar), los tambores, los pomelos, las salsas de almejas, la danza sagrada, el hombre que se teñía su pelo de azul, los fantasmas de tres niñas, las flechas, las especias y su olor penetrante. Un día al año, la mujer del pequeño jardín se queda sola para dedicar esas 24 horas a todos los asesinados en la isla. Que ella sepa; un chiflado catedrático escocés, una cocinera nativa de innumerables amantes y fervorosa bailarina, un marinero, las tres hermanitas envenenadas, un comisario javanés ahogado por su amante y su propio hijo cuya garganta fue atravesada por una flecha en su juventud, mientras se reía.

Cada uno de estos asesinados tiene su historia que se cuenta, o se esboza, o se recuerda, o se invoca, quien sabe, a lo largo de las partes del libro. Y el título alude a una vieja canción, 'las cien cosas', que se le canta a un muerto para que no olvide lo esencial de su vida. Una canción que terminaba pidiéndole que nunca olvidara la bahía y a continuación: "un sostenido y melancólico e-e-e-e, e-e-e-e, que se alejaba rozando el agua de mar". 


Por todo esto, y por la extraña poesía que me ha transmitido, me ha hecho recordar un disco especial. Creo recordar que salió en los 90 y es una recopilación de danzas y cantos de los indios americanos. Se titula 'sacred espirit' y está en abierto, por si a alguien le atrae la música poderosa (lo opuesto a música de fondo) aquí lo incluyo, sugiriendo que se escuche de pie, sentado, o tumbado, pero con los ojos abiertos, incluso en el caso de que te pongas a bailar sin poder evitarlo. Y no es precisamente un disco bailable.