domingo, 7 de abril de 2019

Contraclt 6 - Lou Reed, lo terrible de la belleza o al revés

Por Tesa Vigal

Lou Reed suele fundir lo paralelo de guitarras desesperadas con melodías envolventes. Lo frenético con un saxo melancólico. Lo atmosférico y lo áspero. El contraste entre letras terribles con música de alargada dulzura, en un efecto que hace saltar por los aires cualquier intento de simplificación, eso en lo que a veces caemos para reducir la vida a términos supuestamente comprensibles. 

Este vídeo de su tema más conocido, 'Walk on the wild side' refleja su música con un curioso espejo casi distorsionante. 




'Magic and loss' (magia y pérdida) pertenece al disco del mismo título, escrito a raíz de la muerte de un viejo amigo, cuando Lou Reed había logrado salir de su etapa yonky, y se preguntaba por qué algunos de sus compañeros en aquel destructivo recorrido habían muerto, y él no. Como si lo extraño de la vida le hubiese señalado con el dedo, sin poder entenderlo. Esta es parte de su letra: "Cuando pasas por el fuego pasas por la humillación / pasas por una mole de dudas / Cuando pasas por la humillación te puede cegar la luz / Hay gente que nunca se da cuenta de eso / Pasas por la arrogancia pasas por el dolor / Pasas por un pasado siempre presente / y es mejor no esperar que la suerte te salve / Tienes que pasar a través del fuego hasta la luz / Cuando pasas por el fuego agitas la mano derecha / hay cosas que tienes que tirar / Ese terror cáustico en tu cabeza / no te ayudará nunca a salir / Tienes que ser más fuerte / porque empezarás desde cero / una y otra vez / Y cuando se disipa el humo hay un fuego que lo consume todo / justo delante / (...) / Cuando pases por el fuego procura recordar su nombre / Cuando pases por el fuego lamiéndote los labios / no puedes quedarte igual / Y si el edificio está ardiendo vete hasta la puerta / pero no apagues las llamas / Hay un poquito de magia en todo / y luego alguna pérdida para compensarlo todo". 

Si escuchas con los ojos cerrados la canción 'Sad song' (canción triste) del disco Berlín, es posible que su música te arrastre, casi hipnótica. Sin embargo, ésta apenas tiene letra. 


   

lunes, 1 de abril de 2019

Contrcl 5 - Tres pulsos en España: Aleluya de Aute, El alma no venderé de Mari Trini y Palabras para Julia de Paco Ibáñez

Por Tesa Vigal

En contracultura 4 un lado desolador y en esta entrada la luz fundida con la oscuridad. Pues "este es un mundo misterioso", como decía un personaje de la peli de David Lynch 'Blue velvet', por estar hecho de pavor y maravilla (como decía el indio Don Juan Matus en los libros de Castaneda). 

La esperanza para mí fue escuchar en la radio, a los 12 años, una canción de rock and roll. Si los libros me salvaron, en aquel momento sentí, además, que en el mundo existía algo que era como yo. Luego, durante la adolescencia fui descubriendo a Beatles, la Creedence, Dylan, hippies y estas 3 canciones de aquí. El Aleluya nº 1 de Aute me desconcertó al principio por  su estribillo "estas son las cosas que me hacen olvidar" y sus versos aparentemente contradictorios. Enseguida comprendí que esa ambivalencia apuntaba a lo inabarcable del mundo. Donde todo es posible, para bien y para mal. 




Esta canción de Mari Trini me sigue asombrando por su ingenuidad desafiante. Es el desafío lo que la convierte en limpia libertad. 




Y el poema de Juan Luis Goytisolo puesto en música por Paco Ibáñez. 




Me fui de casa. Lejos.


   

martes, 26 de febrero de 2019

La base de la empatía: auto realización. Contracultura 3

Por Tesa Vigal


Conocerse a uno mismo, que suele dar tanto miedo, es la base de la empatía. La actitud indagadora que desemboca en la capacidad de ponerse en el lugar de los otros, y tener relaciones cara a cara, entre iguales. Reconocer diferencias y semejanzas que nunca implican superioridad o inferioridad. Simplemente, en algo somos mejores y en algo peores. 

La auto realización puede coincidir, o no, con convenciones sociales y supone volver a lo primigenio de cada uno, y a la naturaleza en general. De ahí el foco que el movimiento hippy puso sobre las visiones indígenas, la ecología, la supeditación de lo práctico a nuestros sueños, el cuestionamiento de lo real rompiendo los límites de la lógica, no sólo con su experimentación con las plantas de poder indígenas, sino con la exploración incesante de maneras de vivir atendiendo a lo humano, de cualquier tiempo y lugar, más allá de culturas, rescatando de ellas lo que puede volver más libre y descartando cualquier tradición o costumbre destructiva. Cualquier dogma, por tanto. 


Ken Kesey, uno de los nombres más destacados de la contracultura, escribió la fascinante novela 'Alguien voló sobre el nido del cuco' (llevada al cine por Milos Forman, protagonizada por un inolvidable Jack Nicholson). La película puede encontrarse completa en youtube, pero doblada. Yo prefiero las versiones originales subtituladas, pero sólo he encontrado un trailer en castellano. Ganó el oscar ese año a la mejor película y Nicholson al mejor actor.

Este es uno de esos casos en que el libro y la peli son igual de maravillosos. Escribí sobre él en el blog de libros: https://librosconaliento.blogspot.com/search?q=Alguien+vol%C3%B3+sobre+el+nido+del+cuco


En esta novela, Kesey incluso cuestiona las etiquetas diagnóstico de una clínica psiquiátrica, donde recala el protagonista. Allí conoce a algunos pacientes que están allí por decisión propia, pero sin poder prescindir de ella porque el miedo a vivir les domina. Me recuerda a la situación de las personas que no pueden salir de una habitación en la inquietante peli de Buñuel 'El ángel exterminador'. Nadie se lo impide, pero el miedo paraliza y no pueden salir. También descubrirá que su caso es de los que han ingresado allí sin elegirlo y, por tanto, no podrá salir hasta que las autoridades de la clínica certifiquen que es una persona normal, poniendo en evidencia que es peligroso destacar o cuestionar demasiado. 

'El ángel exterminador' de Buñuel


El trailer doblado de la película de Milos Forman: 




La canción que he elegido para esta entrada, The sounds of silence de Simon & Garfunkel, formó parte de la banda sonora de la película 'El graduado'. Es la que suena con sus títulos de crédito sobre la imagen del protagonista, recién salido de la universidad y volviendo a casa soñando con llevar una vida distinta a la de su familia (como dice en uno de los diálogos de la peli). Esta versión en directo tiene una sobria aspereza que me encanta. 




jueves, 7 de febrero de 2019

Bye, Bye cajitas ¿qué es una persona? Nina Simone-Hair-Sargent Pepper (Contracultura II)

Por Tesa Vigal


A partir de 1967 la letra de las canciones hablan de otras maneras de vivir. Pasaron a ser tan importantes, o más, que la música. Como si todo lo que flotaba en el viento, que diría Dylan, se plasmara en aquella exploración que englobaba todos los aspectos de la vida humana (su sentido, la libertad como base imprescindible del amor y el sexo, opuesto al poder, la consideración de personas más allá de clasificaciones).


Esto no ha vuelto a suceder (salvo excepciones) y yo echo en falta aquella abundancia de contenido. Todo tenía significado en la música, el orden de las canciones en un disco, sus títulos y portadas, lo que supongo que debe chocar en esta etapa de canciones sueltas, picoteadas, sin portada ni contexto y con letras generalmente inexistentes. Que yo sepa, el primer disco que tuvo todas las canciones unidas unas con otras, formando una obra entera fue el Sargent Pepper de los Beatles. Reflejado también en su portada, en la que aparecen un montón de gente en la foto junto a ellos. Entre otros Allan Poe, Marilyn Monroe, Karl Marx, Dylan, Jung, o el Gordo y el Flaco (quien quiera ver la lista entera puede consultar la página de wikipedia en la aparecen con un número identificador). 


   
A veces se nos olvida, o simplificamos por miedo, que cada persona es una combinación única de nosotros mismos y nuestro ambiente (que diría Ortega y Gasset). Las cualidades y defectos propios pueden quedar oscurecidos, dormidos o modificados por las circunstancias, y éstas no determinan de manera absoluta sino que nos influyen a nuestra manera, conformando un laberinto irrepetible. Por eso lo más importante no es lo que nos sucede sino cómo lo vivimos. Y por eso una persona no es su raza, ni su religión, ni su nacionalidad, ni su política, ni su género, ni su profesión. Esto es lo que canta Nina Simone, en una versión de una de las canciones del musical 'Hair' sobre aquellos años, y que en 1979 Milos Forman llevó al cine. La cosa tiene miga, para quien quiera verla. Que disfrutéis.  

miércoles, 16 de enero de 2019

Huellas contraculturales 1 (aquello que buscaba nuevas formas de vivir)

Por Tesa Vigal


En varias entradas sucesivas quiero dejarme llevar por sus impresiones y compartirlas, por si a alguien le sirve y, además, goza con ello. Como dijo John Lennon en el libro 'Lennon recuerda' (entrevistas de Jann Wenner para la revista Rolling Stone): "aquello fue una exploración de todas las posibilidades"

Este es uno de los puntos que distinguen a aquel movimiento. No iba contra algo y a favor de su opuesto, eso hubiera sido el típico enfrentamiento de las dos caras de la misma moneda. La contracultura quería buscar otras monedas, otros mundos. Lo desconocido por descubrir. Y aunque tenga más lecturas, aquí se me viene una frase de Joaquín Sabina: "Como fuera de casa, en ningún sitio".  

Todo auténtico cambio, y de largo alcance, viene desde dentro hacia fuera. Como dice la letra del 'revolution' de los Beatles "... antes tienes que cambiar tu mente". De esta canción hicieron dos versiones, la lenta aparece en su álbum blanco. La rápida, que incluyo aquí en una actuación en directo, está en su álbum 'Revolver'. 




Naturalmente tuvo su lado oscuro porque, como en todo tiempo y lugar, hubo en aquel movimiento gente dogmática, chiflados, encadenados a las drogas... Nada ni nadie es perfecto, es imposible que nos guste todo de alguien, o que estemos de acuerdo en bloque con una filosofía o una religión. Nada ni nadie es de una pieza. Somos fascinantes laberintos y por eso son absurdos y anti espirituales los dogmas. Por eso es peligroso deshumanizar y relacionarse con etiquetas en lugar de personas. "Todos somos personas", como dijo Simone de Beauvoir. Únicas, ni superiores ni inferiores. Frase de Henry Miller: "Si colocas a alguien por encima o por debajo de ti, te conviertes en una víctima"

De ahí la importancia de vivir nuestra vida, no cualquier otra impuesta por modas sociales o supuestos prácticos. Hace poco volví a ver la peli 'El graduado', con un inolvidable Dustin Hoffman y Anne Brancoft, y volvió a fascinarme su final tan contracultural (así que abstenerse los que no la hayan visto), esa expresión de los dos que va tomando conciencia, poco a poco, de que han hecho algo trascendental, enfrentarse a la familia y decirles adiós, y el autobús alejándose hacia no se sabe dónde. 

                                                                      
                                                                  


En otra entrada irá la letra de una de las canciones de esta peli de Mike Nichols, pero no la típica, de la señora Robinson, sino la de 'los sonidos del silencio' de letra más fascinante.









Ahora acabo con versos de Lou Reed, de su disco 'Magic and Loss': "Pasas por la arrogancia, pasas por el dolor / pasas por un pasado siempre presente / 
y es mejor no esperar que la suerte te salve / tienes que pasar por el fuego hasta la luz / ... tienes que ser muy fuerte/ porque empezarás desde cero/ una y otra vez/ y cuando se disipe el humo.../ justo en ese momento/ ese fuego maravilloso empieza otra vez"

sábado, 6 de octubre de 2018

El vértigo lento de 'Stop time' de Frank Conroy y la impresionante 'The rider'

Por Tesa Vigal




Primero la impresionante peli 'The rider', ópera prima de Clhoé Zhao. Por sus silencios bajo
el cielo enorme. Por la mirada de Brady Jandreau (interpretando al joven jinete cuya triste peripecia refleja la peli) contemplándolo en una fusión total. Por su sobriedad sobrecogedora hablando de soñadores. Esa gente que va más allá de dedicarse a lo que le gusta, sin poder evitarlo, quedándose sin rumbo ni base cuando le falta, porque esa actividad (que puede ser cualquiera) era su vida. Y los demás los contemplan con lástima porque, además del accidente que les ha dejado inútiles físicamente para realizarlo, no llegan a comprender esa manera de vivir tan intensa como excepcional. 

Por la conmovedora escena ante la hoguera nocturna con sus amigos, rezando por otro accidentado en el rodeo que se ha quedado paralítico y sin habla, no sólo con una placa de metal en el cerebro como el protagonista. Por su conexión casi mágica con los caballos. Por su hermana, una quinceañera discapacitada mental con asombrosa libertad intuitiva, que se niega a llevar sujetador y a comer otra cosa que no sea fruta. Por las visitas al paralítico de 19 años, haciéndole recordar el viento en la cara cuando galopaban. Por la enorme tristeza que transmite la escena en que el chico trata de dedicarse a otra cosa y lo vemos colocando productos en un estante del supermercado. Por su música callada. Por esas zonas de la vida, en cualquier lugar y tiempo (aunque se trate de un sitio tan concreto como las grandes praderas de Estados Unidos) donde las gentes que viven allí lo hacen a su manera, al margen de modas o imperativos sensatos. Por sus personajes sencillos, profundos como pozos. Gente que huele a lluvia, a yerba, a sueños infantiles.   

Primero bis el descubrimiento del libro de Frank Conroy 'Stop time'. Aquí repito la reseña que he escrito en el blog libros con aliento. 



Vértigo de sensaciones envueltas en el tiempo detenido (quizás de ahí el título) de la infancia y adolescencia. Pocas veces he contemplado, fascinada, ese despliegue del instante en una historia personal. Porque, cuando se mira el pasado como una historia, cambia la visión revelando su sentido, aunque no entendiéramos entonces lo que sucedía. En este caso la infancia y adolescencia del autor, Frank Conroy (1936-2005), tan turbulentas como laberínticas, de esas que exigen preguntas al viento, aunque no todos los que las viven traten de responderlas explorando en ellas. 

En la infancia no hay teorías previas, sino una inmersión absoluta, para bien y para mal, en el aquí y ahora. Por eso saltan a flor de piel los pasos emocionales, los recorridos misteriosos, las repentinas decisiones y ciertas imágenes devoradoras. Se recuerda de una escena la corriente de aire sobre una mano, una luz solitaria, lo glorioso de correr entre los árboles en compañía de un amigo, una carretera nocturna haciendo auto stop mientras la libertad nos interroga. Se revive lo sentido, lo captado, lejos aún de la traducción del adulto a una línea temporal de hechos y datos. Eso todavía no existe y por eso la vida es tan implacable como plena y misteriosa. 

Días de dolor que no se comprende, soledad en compañía, magia de luces y caras desconocidas, aunque a veces sean las de un familiar, preguntas sin respuesta posible, sed escéptica de cariño, rarezas atractivas, rarezas peligrosas. 


El escepticismo es sinónimo de duda, no de negación, o desconfianza. La desconfianza implica no fiarse de nadie. Escepticismo es dudar, estar abierto a la respuesta de la gente, que puede ser positiva o negativa. Alegrarse de lo bueno y sentir lo menos posible lo malo, porque llueve sobre mojado. Esta es la actitud de Frank. También en lo laboral, metiéndose en trabajos peregrinos (limpiar un sucio laboratorio, recoger bolos en una bolera) instalado en el instante. Tomando cariño a unos y huyendo de otros, incluso cuando lo necesita urgentemente. Pero en él lo urgente es sinónimo del instante, como sus repentinas decisiones que surgen libre, y a veces locamente, Por ejemplo marcharse de Nueva York, volver a Florida haciendo dedo y dirigirse de inmediato a la carretera más cercana con las manos vacías, porque lo importante es respirar otro aire, escapar de su fría e inestable familia, de la ausencia de dinero, de cariño, de apoyo. 

Siempre constata sus momentos cobardes, dominados por el miedo. Como al perder la virginidad, casi sin darse cuenta, con la misma incomprensión lúdica que en su infancia. Y el temor paralizante ante los sentimientos intensos con una chica más tarde, tras un viaje en barco a los 17 para ver a sus abuelos en Dinamarca, donde se le ocurre tirarse por la borda para sentir la insólita soledad en el mar nocturno. Pasa alguien a su lado y no lo hace. En ese viaje lo vemos ya tocando jazz al piano, sin haber estudiado música, y nos parece algo inevitable por su constante improvisación vital de hondos sentimientos y gestos juguetones.


Como si su padre, muerto cuando era un niño, y apenas entrevisto entre sus estancias en sanatorios psiquiátricos, se hubiera quedado con la locura y él, su hijo, se hubiera quedado con la senda subterránea que a veces surge creativa, otras traviesa, alguna peligrosamente profunda y otra inmersa en la exploración, Siempre conservando su captación de presagios de la infancia. La carta de admisión de una universidad la percibe como la posibilidad y la indicación ineludible de que puede romper con el pasado y empezar otra vida. En esta frase: "La vida se tiñó de un brillo alucinado". Luego viene el derrumbe de su hermana mayor, que hasta entonces había reaccionado al desbarajuste familiar con enorme sensatez y eficacia, convirtiéndose en una adulta-niña, pidiendo abrazos, acurrucándose en el sofá.

Y el capítulo epílogo salta diez años después de entrar en la universidad, con una de sus repentinas, rotundas decisiones, con el ánimo exaltado de alguien desbordado de alegría. Sólo que la decisión es estrellar su coche contra una fuente piedra y morir. A punto de empezar una gran aventura. Pero un contratiempo fortuito lo impide. El mundo ha movido ficha y viene su frase final, quizás el perfecto resumen de este libro de sutilidad escurridiza: "Con la garganta ardiendo por la bilis, me eché a reír".   

domingo, 24 de junio de 2018

Por qué me fascinan los dioses griegos

Por Tesa Vigal


Quizás porque son muy humanos y hacen mítica nuestra vida. Tan humanos que todos somos dioses cuando vivimos lo que sea como una aventura. Un recorrido en busca de nosotros mismos, es decir de la libertad. Será entonces nuestra vida, aunque puedas pasarlo fatal, o no, pero el gozo de la propia expresión, única para cada persona, no tiene precio. Y la liberación se funde con la humildad, la humildad con la empatía, la empatía con el misterio de este mundo enorme donde hemos aparecido. 
Desatados, sensuales, dionisíacos (ver más abajo) eran los dioses y mitos paganos antes de llegar las siguientes religiones dogmáticas. No existían libros "revelados" y de sus leyendas hablaban los poetas en busca del misterio de la naturaleza. A modo de sueño secreto de gente más libre. Por eso sus personajes mitológicos, ya fueran héroes, humanos "normales" o dioses, eran laberínticos, contradictorios, racionales o mágicos, ascéticos o apasionados, tiernos, violentos o sensibles.

Puede que ahí resida el misterio de su existencia tan “humana”, y esa característica, usada contra ellos por la siguiente religión cristiana para desprestigiarlos, es la medida de su grandeza. Supongo que no entendieron que se trataba de investigar la naturaleza humana y encontrar su sentido, no de modelos a imitar. Siguiendo esa impresión, si se les imagina pura energía de diversos tipos, a las que el ser humano puede conectarse a lo largo de su vida, tiene cabida el viaje interior, nuestras peripecias como un proceso evolutivo del que también se habla en sus mitos. 
Pintura de H. Rousseau

El “detective” Freud ya descubrió en ellos una fuente inagotable que explicaba el actuar humano. Pero fue su discípulo rebelde, Jung, quien ahondó más en ellos, convirtiéndolos en arquetipos, símbolos vivos del proceso de individuación. La mitología trataría de encontrar la luz de la oscuridad y a la inversa, y así descubrir su sabiduría. A veces evidente, a veces subterránea o laberíntica, como un perfume de rastro y efecto sutil.

Curioso que dioses y humanos están sometidos al Hado, el destino misterioso que les englobaría a ambos y que, para más complicación, en ocasiones es inmutable y en otras puede modificarse.

En esa visión mítica todo tiene alma: incluso lugares, situaciones, recorridos… y grutas, mares, tormentas, bosques, astros, montañas se comunican con los más soñadores, los sensibles, los más libres de los humanos que, sedientos de vida e inconformistas ante una realidad recortada, poblaban toda la naturaleza de espíritus inmersos en ella. 

Pintura de Waterhouse

Las ninfas lo son del agua dulce, de bosques y montañas. Las nereidas, sirenas y tritones del mar. Espíritus que han persistido como Elementales de la naturaleza en todas las historias de hadas y duendes. Los sátiros son seres de naturaleza compleja, en la que participa también la animal, por eso tienen pezuñas de cabra (y los centauros torso humano y cuerpo de caballo). 

Al demonizarlos, la religión cristiana convirtió su imagen en la del diablo. Incluso el jefe de los sátiros, el gran Pan, tiene además dos cuernos en la cabeza y dada su naturaleza extrema es hijo de Dionisos. Los cuernos, sin embargo, son un atributo lunar de las fases creciente y menguante del lado femenino de la naturaleza. Al igual que duendes y hadas, Pan se enfurecía si se le molestaba provocando el sentimiento (derivado de su nombre) del pánico. Pan es un dios de curación y crecimiento. Tiene además otra curiosa característica, refleja a todo el que le mira y de ahí el peligro de su mirada cuando uno no quiere conocerse y huye de sí mismo (algo fundamental para crecer). 



Venus de Boticcelli

Al principio era el Caos, del que surgieron la Tierra (Gea), madre de todos los dioses. Eros, el principio universal del amor, y el sombrío Tártaro (la región de los muertos). Desde el comienzo aparece el número 9, múltiple del 3, número “femenino” (entendiéndolo como lunar, nocturno, interior, el lado instintivo, emotivo, intuitivo y sensible de los seres humanos) por las tres fases de la Luna. La diosa Hécate es el lado letal de la naturaleza, que correspondería con la fase de luna menguante-nueva, la invisible, la oscura. Afrodita (el amor, la belleza, la generosidad y la sensualidad) sería la luna llena, y Artemisa (la integridad, banalizada más tarde como pureza física, virginidad) la luna creciente. 

Artemisa
Sólo con un dato aludieron a la complejidad de miles de libros, películas, ensayos y poemas sobre el amor. Sería éste: Eros, aunque también existía desde el principio, era hijo de Afrodita y Ares (Marte para los romanos). El erotismo hijo del amor y de la guerra. Y añadían que Psiquis (el alma) fue la amante de Eros. Su felicidad era perfecta, pero él había puesto una condición. La de que Psiquis jamás trataría de descubrir su rostro, la identidad de aquel joven amante, que cada noche se reunía misteriosamente con ella sin decir nunca su nombre, deslizándose entre las sombras poco antes de amanecer. Pero Psiquis curiosa rompió una noche su promesa. Iluminó con una lámpara la cara de su enamorado y entonces Eros huyó.

¿Más sobre el amor? Quizás esta otra historia: Aquiles durante el asedio a Troya, lucha en plena batalla con la reina de las Amazonas. De repente, al clavarse su espada en el cuerpo de Camilla, sus ojos encontraron los de aquella mujer que moría por su mano en ese instante. Y Aquiles sintió con terror que el amor, desgraciadamente, había entrado en él. Pero Camilla, vencida, yacía muerta a sus pies. Y es que Eros es enigmático y resbaladizo, complejo y profundo, inesperado, incomprensible, inconsciente... Y ambiguo. Con sus flechas de punta de oro provoca la pasión arrebatadora, pero con las de punta de plomo causa la incapacidad de amar.

Dionisos
Y para enigma el del dios Dionisos, la energía que funde naturalezas yendo más allá de los límites de cada una. Es el iluminador por medio de la transgresión y el exceso, de los estados alterados de conciencia, del éxtasis y el estado arrebatado. Es el dios bisexuado, el superador del mundo, el que fomenta la trascendencia, el ir más allá. Es el que posibilita la fusión de animales-humanos-dioses y esa unión es la característica de toda edad de oro mitológica: borrar distancias, fusión total. Señor de los animales salvajes. Dios de la alegría sin propósito, del delirio, de la sabiduría que funde luz y oscuridad, del frenesí, el integrador de contradicciones, la pura emoción, el abandono del sentido del ego. Es también el dios que es sacrificado y comido (que luego retomará también el cristianismo) y luego resucitado. Representa por tanto el más allá de la vida y la muerte. Y es especialmente rico en cuanto simbología evolutiva, no sólo por su capacidad de resurrección, sino porque enloquecía a todo el que se negara a reconocer y vivir su lado instintivo y emocional. Nada que ver, como se ve, con la simplificación pedestre de los romanos que le convirtieron en el dios Baco patrón de las borracheras. Sin comentarios...

Prometeo es otro curioso personaje. Se pone de parte de los humanos y los ayuda regalándolos un don inapreciable: el fuego, que por otra parte tiene efectos ambivalentes. Por un lado, es destructor y por otro purificador y dador de calor y vida. De ahí los ritos de las hogueras en el solsticio de verano. Es el personaje rebelde, símbolo muy extendido y enigmático porque roza el misterio del destino, ese destino que unas veces es inamovible y otras no. Es en estas últimas donde cabe la rebeldía, una necesidad evolutiva en busca de sabiduría, pericia, posibilidades. Una exploración de los propios límites al tratar de superarlos. Prometeo será por ello castigado por los dioses, pero finalmente será liberado por el héroe de una de sus sagas, Heracles, el Hércules romano.

Isla de Ítaca
Y todo humano debe recorrer su particular odisea para encontrar su lugar. Como en el viaje relatado por Homero, la Odisea, cuyo protagonista Ulises-Odiseo debe vencer y superar multitud de situaciones y conflictos para llegar a “casa”. A uno mismo. Entre otras peripecias imprescindibles debe atravesar el infierno (como también lo hará Orfeo el músico) para volver a la luz.

Y no me resisto a citar a otros dos personajes, esta vez históricos, porque cada uno a su manera tienen aire legendario: Schliemann por un lado y Alejandro magno por otro. Schliemann era un alemán enamorado de la Grecia clásica. Hasta el punto de abandonar su trabajo y venderlo todo para cumplir su sueño: descubrir Troya, la ciudad que la arqueología y la historia ortodoxa afirmaban que era sólo leyenda. Y lo logró, encontrándola justo donde Homero la situó.

Y Alejandro, ese hombre atípico porque no me parece un guerrero, aunque conquistara territorios, sino un soñador. En cualquier caso eso es lo que me atrae de él. Recomiendo la fascinante biografía novelada, basada en su vida contradictoria “El muchacho persa” de Mary Renauld. Alguien excesivo y místico. Lo siguiente es lo que escribí sobre él en una revista, “Mandrágora y el pirata”, hace muchos años:

Alejandro
Soñó y trasladó sus sueños a la realidad. Eso hizo cuando, al llegar frente a la tumba de su héroe Aquiles, bajó del caballo y miró la luna entre un silencio sin tiempo y una brisa fuerte que recordaba al mar. Se acercó después lentamente. Parecía temer cualquier interrupción que sus pasos produjeran en el aire. Al llegar junto a la tumba, un rayo de luna cruzó los rizos rebeldes que cubrían su frente, subió su mano derecha y con decisión abrió el broche de su túnica que cayó al suelo enseguida. Su cuerpo desnudo brilló entre las sombras de la noche que resbalaban sobre su piel de 21 años.

Allí, muy cerca, parpadeaba tranquilo el campamento salpicado de fogatas y, a su lado, una mano le tendió con rapidez la antorcha pedida. Aferrándola con fuerza comenzó a bailar alrededor de la tumba. Primero lento, lento. Luego, dejando que toda la pasión contenida en sus ojos oscuros y su pelo enredado le envolviera por completo. Al otro lado de la llanura, un caminante observó con temor la escena, creyendo haber sorprendido la intimidad de algún espíritu extraño. Y de repente aquel grito: “Afortunado Aquiles, porque fuiste querido por un amigo fiel y celebrado por un gran poeta” 

La llama crepitaba contagiada por la danza, el sudor resbalaba como el más íntimo de los ríos. Entonces, una ligera nube procedente del norte ocultó la luna. Alejandro se dejó caer al suelo, besó la tierra y allí se quedó inmóvil, largo rato. Soñando con lejanos palacios de arena dorada, telas suaves de colores extraños, idiomas desconocidos, noches de insomnio junto a una copa de plata, el vino persa mezclándose en su sangre, mares inmensos, desiertos lejanos, brazos amantes. Y sonrió.

Y tras esa escena auténtica, aunque sea legendaria, termino con una anécdota mía. Hace mucho tiempo, cuando dormía en mi saco de dormir sobre cubierta, durante un viaje a Grecia, me desperté cuando el barco pasaba junto a la isla de Ítaca (poeta Kavafis: la meta es el camino), me apoyé en la barandilla y me emocioné pensando en los dioses. Les saludé, les llamé. Les dije: “Estoy aquí y creo en vosotros”.